Orientalismo; Cultura e imperialismo. Por Edward Said (Reseña)

Orientalism: Western Conceptions of the Orient. Por Edward Wadie Said, Londres- Nueva York: Penguin Books (1995). 4ª edición. Notas al final del libro. Pp. xiv, 396.

Cultura e imperialismo. Por Edward Wadie Said, traducido por Nora Catelli, Barcelona: Anagrama (1996). Notas al pie de página. Pp. 544.

Tras algunas reseñas sobre lecturas antiguas, hoy toca reseña de los dos últimos libros que he leído. Orientalismo y Cultura e imperialismo son dos de las obras del profesor Edward Said (n. 1935- f. 2003) que, muy posiblemente, han tenido más impacto en el mundo académico en estos últimos treinta años, además de que ambas obras han disfrutado de una amplia difusión y no resultan desconocidas para muchos lectores, así como tampoco la figura del célebre intelectual palestino.

Said sostuvo en Orientalismo que en Gran Bretaña y Francia – las grandes potencias coloniales europeas decimonónicas- se generó una corriente cultural que devino hegemónico en dichos paises y que, bebiendo de sus atencesores de la Antigüedad y del Medievo, sirvió para generar sus propias identidades en contraposición a “Oriente”, fundamentalmente identificado con un modelo árabe y musulmán. Este mismo Orientalismo estaba conformado con argumentos supremacistas del europeo blanco contra el árabe musulmán y otros tópicos literarios esencialistas, siendo un ejemplo el de la “lujuria oriental”. Así sirvió como justificación del dominio colonial de ambos paises en Oriente Próximo – lo que en el mundo anglosajón, acuñado por vez primera en 1902, se conoce como “Middle East”-, primero en Egipto y luego, tras la Primera Guerra Mundial, en el resto de antiguos dominios del recién fenecido Imperio Otomano. Y, finalmente, también dicho Orientalismo cumplió esa misma función, tras la Segunda Guerra Mundial, al servicio de la nueva potencia hegemónica occidental: los Estados Unidos de América.

Dicha tesis, desde luego, entonces ya pecaba de hacer demasiado hincapié en esta relación desigual como generador de la identidad británica, cuando durante el siglo XIX la rivalidad entre Gran Bretaña y Francia seguramente tuvo mucho más peso para la generación de una identidad nacional en el Reino Unido. Y en 1993 Said publicó Cultura e imperialismo, donde Said ampliaba su enfoque y se benefició de los estudios publicados por John MacKenzie y otros historiadores durante la década de 1980 en lo que, posteriormente, ha sido la prolífica serie de “Studies in Imperialism” editados por la Manchester University Press. En dicha obra, sostuvo ahora que el nacionalismo de las dos grandes potencias coloniales europeas se alimentó no sólo del “Yo contra el Oriente árabe”, si no en el “Yo contra el Resto”, pues dichas argumentos y tópicos son perfectamente rastreables también en su visión de la India, Latinoamérica, Argelia y el resto de pueblos del continente africano. Pero este último estudio no sólo se centra en Francia y Gran Bretaña, si no que también dedica su atención al discurso anticolonial que se generó entre los pueblos bajo dominio colonial, que tendieron a reproducir la misma dinámica desarrollada por sus dominadores, aspecto frecuentemente ignorado por sus críticos occidentales y, a la vez, soslayado discretamente por sus defensores, especialmente entre aquellos identificados con lo que conocemos como el Mundo Árabe.

Por otro lado, el autor expone una excelente capacidad de análisis, bebiendo de las tesis sobre hegemonía social elaboradas por Antonio Gramsci, el método de la deconstrucción del discurso perfilado por Derrida y la relación existente entre conocimiento y poder social de las élites expuesto por Focault – ya en la reseña de La Geografía, un arma para la guerra de Yves Lacoste ya traté este punto-. Aunque, respecto a este último punto, cabe cuestionarse que en el caso concreto del imperialismo europeo occidental la relación entre poder colonial y, por ejemplo, la disciplina académica de la Antropología sea tan clara y directa como la que Said expone en la exposición que hace del personaje del coronel Creighton en su, por lo demás, buen análisis del Kim de Rudyard Kipling.

En definitiva, aunque aparezcan algunas hipótesis que podrían estar mejor argumentadas, ambas obras resultan de enorme interés y sirven para que el lector se despoje de algunos tópicos y ponga en duda aquello que creía saber, como bien sintetizó Bertrand Russell en una conocida cita:

In all affairs it’s a healthy thing now and then to hang a question mark on the things you have long taken for granted.

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4 comentarios en “Orientalismo; Cultura e imperialismo. Por Edward Said (Reseña)

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