Después del Reich. Crimen y castigo en la posguerra alemana. Por Giles Macdonogh (Reseña)

Después del Reich. Crimen y castigo en la posguerra alemana. Por Giles Macdonogh, traducido por José Luis Gil Aristu, Barcelona: Círculo de Lectores, Galaxia Gutenberg (2010). Notas al final del libro. Pp. 977.

He de reconocer que mi primer contacto con esta obra, meses atrás, me resultó muy poco satisfactorio. Si bien al final me he sobrepuesto a la mala impresión inicial, su lectura me ha confirmado que el resultado ofrecido por Giles Macdonogh resulta bastante irregular.

En esta obra, Giles Macdonogh propone una primera parte dedicada a los últimos días del Tercer Reich además de la violenta expulsión de los alemanes de Prusia, Pomerania, las Silesias y de los habitantes de habla germana asentados, hasta 1945, en lo que entonces era Checoslovaquia. La segunda trata de ilustrar como era la vida de los alemanes en el territorio alemán que continuó siendo considerado como tal tras la Conferencia de Potsdam, es decir, todo aquello al oeste de la nueva frontera sobre los cursos del Óder y el Niesse; lo mismo trata de ofrecer el autor para el caso de Austria. Después, en la tercera parte el autor ofrece una discusión sobre cuestiones de carácter temático, como pueden ser el concepto introducido de culpa colectiva, el trato a los prisioneros de guerra alemanes y los juicios contra los responsables de la política criminal del Tercer Reich. Finalmente, en la cuarta parte se ofrece una narración sobre el incremento de las tensiones entre la Unión Soviética y las potencias occidentales, culminando en la crisis del Bloqueo de Berlín (Junio de 1948- Mayo de 1949), siendo éste el primer gran episodio de la rivalidad entre ambos bloques y que se alargaría durante cuarenta años; es decir, la Guerra Fría.

Respecto a la metodología empleada por Macdonogh para versar sobre este amplio abanico de cuestiones, el autor trata de ilustrar al lector mediante testimonios individuales, siendo en la práctica todos ellos recogidos de fuentes editadas y publicadas. Este enfoque, aunque resulte útil para el afán del autor para dar un toque efectista que realcen las legítimas tesis hipercríticas sostenidas en el libro y que, esencialmente, apuntan contra la política de ocupación practicada por las cuatro potencias ocupantes entre 1945 y 1948, en cambio impide al lector poder obtener una imagen de conjunto completa sobre la vida cotidiana de los alemanes – y austríacos- residentes en las cuatro Zonas de Ocupación. Por dar un ejemplo, no hay ni una sola referencia al deporte en toda la obra, lo cuál resulta sorprendente a la hora de tratar sobre en una sociedad industrializada como la alemana, siendo éste un rasgo bastante relevante para toda sociedad europea del siglo XX – aquí remito a la Historia del Siglo XX, 1914-1991 de Eric Hobsbawm, obra reseñada en su día por un servidor.

Por otra parte, esta metodología tan poco sistemática tiene como consecuencia caer en ciertos sesgos que, a mi juicio, serían involuntarios. Este sesgo puede comprobarse, por ejemplo, al constatar como muchos de los testimonios citados a lo largo del libro se corresponden a individuos que integrarían las clases más bienestantes y con mayor acceso a lo que a veces se entiende como alta cultura, reflejando el autor sus gustos y predilecciones como pueden ser el teatro o la ópera. En cambio, el lector apenas encontrará testimonios que puedan identificarse a obreros, pequeños campesinos y demás integrantes de lo que frecuentemente se denominan como clases populares; en todo caso, posiblemente su único impacto en la obra es en forma de meros números o cuando uno de ellos es víctima de algún crimen. En este aspecto, el método escogido por el autor resulta también poco eficaz, pues apenas se analizan en profundidad, a diferenciarse de las meras sugerencias explicativas más o menos acertadas que da el autor, cuáles eran las motivaciones tras los crímenes perpetrados por los soldados aliados o los cometidos por algunos chechos y polacos contra sus convecinos de habla alemana. En ocasiones, el autor apenas se limita a narrar una relación de crímenes y actos de salvajismo estremecedores que, a veces, rozan el mero morbo (ver un caso en la p. 249) pero que también, en ocasiones, gozan de nula credibilidad (por ejemplo, ver pp. 220 y 274); por dar un ejemplo, resulta muy cuestionable que el autor llegue a citar testimonios anónimos (v. p. 629) que invitan a sospechar, de entrada, sobre su verosimilitud.

En otras ocasiones, el autor cae en la mera anécdota, como la dedicada al mono nazi que a punto estuvo de ser ahorcado por unos soldados soviéticos (ver p. 582) o su relato sobre el trágico final del único “cerdo funambulista” en todo el mundo (p. 588). Esta débil metodología en la exposición, en ocasiones, también puede llevar al lector a la confusión, como es en el caso de discusión sobre la cifra de prisioneros alemanes que perecieron mientras estaban bajo custodia de las potencias aliadas (cf. pp. 591-592). En esta último punto, respecto a las cifras y estadísticas que aparecen citadas, el autor no se caracteriza especialmente por aplicar el rigor necesario en ocasiones, como al recurrir a cifras acompañadas de la fórmula tan poco fiable de “se calcula” (por ejemplo en p. 253).

En cuanto a las tesis sostenidas por Giles Macdonogh, su cuestionamiento a la política de castigo practicada por los Aliados contra la población alemana tras el final de la Segunda Guerra Mundial en Mayo de 1945 en general está razonablemente bien expuesto, evitando caer en argumentos de carácter neonazi si bien el autor se muestra notoriamente germanófilo y anticomunista, lo que en ocasiones le lleva a hacer comentarios cuestionables, como considerar una “humillación” la grabación de una declaración de un guardián de las SS del campo de concentración de Bergen- Belsen recién capturado, estando éste estaba al lado de una montaña de cadáveres (p. 517). En otras ocasiones, en cambio, lleva a cabo exposiciones de gran interés y convincentes, como es el caso de su exposición de críticas contra el concepto de “culpa colectiva” entendida por los Aliados occidentales, aproximándose a la cuestión abarcando toda su complejidad (ver. pp. 513-515), aunque cabe la duda de si ello no deriva más de las prolongadas citas a los escritos del filósofo Karl Jaspers o de Hannah Arendt antes que un logro del mismo Giles Macdonogh. En esta misma línea, en el capítulo 16º – “Los juicios”-, su crítica contra la institución del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, si bien su concepción resultó errónea, pues se debería haberlos sólo bajo los cargos entendidos bajo el epígrafe de Crímenes contra la Humanidad, siendo el resto de cargos un acto de hipocresía, debido a que también merecerían calificaciones similares actos cometidos por los Estados Unidos, el Reino Unido y la URSS durante el transcurso de la guerra total librada entre 1939 y 1945. En cambio, estimo incorrecto que ello sirva para homologar el TMI de Nuremberg con los Tribunales de Pueblo nazis, como a veces parece querer insinuar el autor. Tampoco estimo correcto el asumir como fiel reflejo de la realidad las tesis del “Memorándum de los Generales”, escrito preparado por Erich von Manstein como coordinador de la defensa ante el TMI de los cargos presentados contra el Estado Mayo General alemán (cf. p. 652). Ni tampoco su aceptación acrítica de las tesis publicadas por Reginald Paget (cf. pp. 688-689), abogado defensor de von Manstein en el juicio contra éste celebrado en 1949.

En definitiva, Después del Reich resulta una obra irregular y en la que, bajo mi criterio, Giles Macdonogh no demuestra las cualidades precisas, como serían el rigor o una metodología sistemática, para presentar una exposición que permitiese al lector construirse una imagen precisa sobre una cuestión, como es la sociedad alemana en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, que merecería un trato mejor que el que el escritor inglés le da en esta obra.

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Un comentario en “Después del Reich. Crimen y castigo en la posguerra alemana. Por Giles Macdonogh (Reseña)

  1. Pingback: The Mauthausen Trial: American Military Justice in Germany. Por Tomaz Jardim (Reseña) | Mi Diario de libros

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