Barraquisme, la ciutat (im)possible. Por Xavier Camino et al.; Barraques. La Barcelona informal del segle XX. Editado por Mercè Tatjer y Cristina Larrea (Reseña)

Barraquisme, la ciutat (im)possible. Els barris de Can Valero, el Carmel i la Perona a la Barcelona del segle XX. Por Xavier Camino Vallhonrat, Òscar Casasayas Garbí, Pilar Díaz Giner, Maximiliano Díaz Molinaro, Cristina Larrea Killinger y Mercè Tatjer Mir, Barcelona: Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, Temes d’Etnologia, 21 (2011). Notas al pie de página. Bibliografía. Pp. 296.

Barraques. La Barcelona informal del segle XX. Editado por Mercè Tatjer Mir y Cristina Larrea Killinger, Barcelona: Institut de Cultura de l’Ajuntament de Barcelona, Pòsits, 4 (2010). Notas al pie de página. Bibliografía. Pp. 297.

Hoy seguimos con una doble reseña. Estos dos libros son la publicación de los resultados de la investigación impulsada por el Inventari del Patrimoni Etnològic del Centre de Promoció de la Cultura Popular i Tradicional Catalana, institución dependendiente de la Generalitat de Catalunya, entre los años 2004 y 2008. Junto a estos dos libros, la difusión de resultados también se hizo, por una parte, mediante la exposición “Barraques. La ciutat informal del segle XX” que se exhibió en el Museo de Historia  de Barcelona (MUHBA) entre el 18- VII- 2008 y el 26- IV- 2009; el libro homónimo que reseñamos incluye el catálogo de esta exposición. Por otra parte, también tuvo lugar la difusión de resultados mediante la producción del documental “Barraques. L’altra ciutat” emitido por el programa 30 minuts en TV3 el 5- IV- 2009.

El propósito de este grupo de investigación era tratar de reconstruir la experiencia de los barceloneses que, por uno u otro motivo, tuvieron que vivir en algún momento de sus vidas en una barraca, es decir, una construcción generalmente precaria, con carácter más o menos provisional y levantada sobre terrenos que, legalmente, no pertenecen a sus residentes; este es el matiz más importante que las diferenciaría, precisamente, de la llamada autoconstrucción, el otro modelo de vivienda al alcance de la mayor parte de inmigrantes llegados a Barcelona durante las décadas de 1950 y 1960.

La metodología para alcanzar esta fita se enmarca dentro de las tendencias de la historiografía actual, es decir, mediante el grupo de investigación cuya constitución es de carácter interdisciplinario. En este caso, el grupo estuvo compuesto por historiadores, geógrafos y antropólogos sociales que, desde sus respectivas perspectivas disciplinares, intentaron recoger el máximo de evidencia disponible y a su alcance para poder reconstruir las realidades sociales de las personas que residieron en barracas, fenómeno urbano que en Barcelona ha estado presente hasta el mismo 2003, cuando se desalojaron definitivamente las últimas barracas de Can Tunis.

De este modo, los ensayos del volumen de Barraques profundiza más a lo que se refiere a los antecedentes históricos y al contexto socioeconómico del barraquismo en Barcelona durante el siglo XX. En cambio, la monografía de Barraquisme enfoca más su interés en la reconstrucción y análisis de la vida social de los barraquistas, prefiriendo concentrarse en tres de las barriadas debido a que, según puede barruntarse, sean los tres casos que los autores han podido reconstruir mejor: Montjuïc , englobándose, a grosso modo, bajo la etiqueta de Can Valero al no incluir Can Tunis, además del Carmelo y la Perona. La evidencia se recogió tanto desde los testimonios de archivos y hemerotecas como también mediante la recopilación de testimonios orales de antiguos barraquistas y, por otra parte, otros individuos con experiencias contemporáneas y relevantes respecto a los diversos aspectos de la realidad del barraquismo : arquitectos, trabajadores sociales, etcétera.

Uno de los principales focos de interés por parte de los investigadores del IPEC lo encontramos, precisamente, en el análisis de las políticas municipales emprendidas por las sucesivas administraciones del Ayuntamiento de Barcelona, tanto para el control como la erradicación del barraquismo. La conclusión de este análisis resulta convincente: si alguna tendencia es rastreable, al menos hasta la década de 1980 y aún así con algunas reservas, es que el Ayuntamiento se limitó a que las barracas no se extendiesen de forma incontrolada por la ciudad y sólo se mostró interés en su erradicación siempre a raíz de eventos de gran envergadura, ya fuese la Exposición Internacional de 1929 o los Juegos Olímpicos de 1992. Bajando un escalón, también encontraríamos que los diversos núcleos de barracas fueron erradicados o – más frecuentemente- desplazados a medida que se ejecutaban ampliaciones urbanas de la ciudad, como fué la erradicación del núcleo de barracas de la Diagonal, situado entre las actuales calles Numancia y Capitán Arenas, en 1952; o como la erradicación definitiva de las barracas de Can Tunis del 2003 debido al proyecto para la ampliación del Puerto. El otro motivo para la erradicación de núcleos de barracas fueron proyectos urbanístico con claro carácter especulativo, como el proyecto para la reconversión de Montjuïc en una zona residencial de lujo impulsado por el alcalde José M. de Porcioles durante la década de 1960. Proyecto que durante los casi cincuenta años siguientes se ha ido ejecutando de forma tímida y limitada, siendo esta conclusión constatable si se compara el estado actual de la montaña y de los barrios del Poble Sec y del Raval con el proyecto original presentado en 1964.

Otro de los focos de interés de estos estudios lo encontramos en las politicales sociales hacia el barraquismo. Como concluyen los investigadores del IPEC, hasta 1957 las únicas medidas que se planteaban eran de carácter caritativo, esencialmente por parte de la Iglesia. Ello se debía a que desde las instituciones públicas se tenía la creencia que el problema se resolvería sólo mediante la iniciativa privada, sólo contemplándose la intervención pública para garantizar el alojamiento de funcionarios y trabajadores públicos y de aquellas familias afectadas por la apertura de nuevas calles. Hasta los planes para la construcción de grandes polígonos de viviendas – hasta 24.000 fueron previstas- de 1958 y 1961 las administraciones estatal y municipal no se implicaron activamente en la erradicación del barraquismo y, aún así, sus resultados fueron desiguales. Dichas políticas de planificación urbanística estaban más inspiradas por las corrientes desarrollistas, características de la dictadura franquista durante el período 1958- 1975 por su espectacularidad y vistosidad, antes que por criterios que concerniesen al bienestar e intereses de los barraquistas realojados. El caso más extremo de esta nula dimensión humana de estos planes lo encontraríamos, por ejemplo, en la erradicación definitiva del núcleo de barracas del Somorrostro – en la actual playa de la Barceloneta-, siendo las familias de los pescadores y de los trabajadores del Puerto que ahí residían realojados en bloques pisos de la Trinidad, en el grupo La Paz o, incluso, en Sant Roc, en Badalona. Otro de los grandes problemas de estas políticas radicaba en que muchos de los nuevos polígonos carecían de la infrastructura viaria y de transporte público que los comunicase con el casco urbano o, incluso, carecían de alumbrado público y de aceras.

Finalmente, el otro foco de interés por parte de los investigadores se encuentra, por una parte, en las formas de autoorganización por parte de los vecinos de los diversos núcleos de barracas; y, por otra, sobre los problemas sociales existentes en estos, dedicando atención especialmente a la marginación social que se hizo contundentemente visible en algunos núcleos a raíz de la crisis económica de 1973 y la difusión masiva del consumo de heroína a inicios de 1980, incidiendo ambos hechos con especial dureza en las familias gitanas que residían en los últimos núcleos de barracas, especialmente en la Perona. Ambas realidades tuvieron especial incidencia en las políticas municipales para erradicación del barraquismo emprendidas, ahora, por las nuevas administraciones democráticas en el Ayuntamiento barcelonés para la erradicación de las barracas en ambos barrios.

En esta cuestión cabe hacer varias observaciones. Por una parte, es detectable cierta tendencia a tratar con corrección política determinados conflictos sociales de la década de 1980. Dicha tendencia deriva quizás del afán de romper el estereotipo, generado precisamente durante la década de 1980, que identifica el barraquismo a la marginalidad social, la delincuencia o con la comunidad gitana, además de la corrección política existente entre determinados estamentos institucionales que evitan usar el término “gitanos” en el discurso público. Si bien en la mayoría de estudios publicados en ambas obras estimo que sortean eficazmente este dilema un tanto artificioso, siendo especialmente observable este resultado entre los ensayos elaborados por los investigadores más jóvenes. En cambio, resulta un tanto intrigante que en otros, especialmente los estudios firmados por los autores más veteranos, casi no se menciona nunca el hecho que un número no desdeñable de barraquistas, desde antiguo y más allá de todo estereotipo racista, eran gitanos.

Por otra parte, resulta llamativo observar que los diversos movimientos sociales surgidos en las barriadas de barracas y descritos en los diversos ensayos publicados siempre aparecen en términos positivos. La única excepción es una mención, casi de pasada, en la Introducción de Barraquisme. La ciutat (im)possible al tratar las dificultades metodológicas observadas en la recopilación de testimonios orales entre exbarraquistas, referenciándose de forma poco concreta los recelos de algunas personas respecto a la línea de actuación mantenida por la Vocalía de Barracas de la Asociación de Vecinos del Carmelo. Revisando, en su globalidad, el trabajo realizado por el grupo de investigación del IPEC, creo que es descartable que haya incidido conscientemente algún tipo de sesgo en el mismo pero, en cambio sí podría derivar de las fuentes orales empleadas para reconstruir los procesos de erradicación de la década de 1980, especialmente de los tres núcleos de barracas del Carmelo. Al fin y al cabo, cabe cuestionarse si la AVC no se equivocaría en alguna ocasión, más cuando era una organización cuya base era asamblearia y aunque su honestidad fuese incuestionable en todo momento.

En definitiva, estamos ante un notable ejemplo de un grupo de investigación patrio que realiza un excelente trabajo de investigación y que, al final, dedica no pocos esfuerzos para la publicación y difusión entre el gran público de sus resultados y conclusiones.

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