The Monopoly of Violence: Why Europeans Hate Going to War. Por James J. Sheehan (Reseña)

The Monopoly of Violence. Why Europeans Hate Going to War. Por James J. Sheehan, Londres: Faber and Faber (2010, 2ª edición). Referencias al final del libro. Bibliografía. Pp. xx, 284.

El libro que reseñaremos hoy es uno de esos casos donde las expectativas del lector, que quizás esperaría un estudio en profundidad sobre la cuestión, se ven defraudadas debido al afán del autor de vender como un libro un análisis que bien podría haber quedado perfectamente perfilado en un artículo de veinte páginas.

En el libro del profesor Sheehan se pueden identificar dos bloques que, si bien no se corresponden rigurosamente con la estructura de la obra, sí son claramente identificables desde el punto de vista temático. Mientras en el primer bloque temático se nos caracteriza a las sociedades anteriores a 1945 como modelos de militarización y violencia, en el segundo bloque se narra como dichos rasgos han desaparecido en la práctica en Europa Occidental, fundamentalmente fruto del contexto de la Guerra Fría impidió que continuase la competencia agresiva entre los Estados de las potencias occidentales. De esta paz impuesta devino, en gran medida, el vertiginoso crecimiento económico que tuvo lugar en Europa Occidental durante las décadas de 1950 y 1960, dejando paso así al desarrollo de un modelo del Estado del Bienestar de acuerdo a las demandas populares. Al afianzarse dicho modelo con el paso del tiempo, en la actualidad cualquier posibilidad o propuesta para que un Estado europeo reduzca  su gasto social en favor de aumentar su gasto militar o emprenda una política exterior que pusiera, de algún modo, en riesgo dicho modelo encontraría el firme rechazo de su opinión pública. Un ejemplo de esto último lo encontraríamos, para citar dos casos notables, tanto en el rechazo popular contra la invasión de Irak en 2003 como, menos claramente, en el desinterés popular manifiesto para construir una política exterior y defensa comunes de los Estados miembros de la Unión Europea, siendo ejemplo los resultados poco satisfactorios de los referéndums para la ratificación de la Constitución Europea del 2005.

Las conclusiones del segundo bloque estarían bien perfiladas aunque también algo sesgadas, representando lo más sustancial y provechoso de la obra. También resulta de interés su interpretación de las causas sociales del derrumbe acelerado y relativamente pacífico de los regímenes de Democracia Popular que constituían el Pacto de Varsovia. En cambio, resulta insatisfactorio el resultado que ofrece la exposición que desarrolla en el primer bloque temático, dedicado a analizar el período 1899- 1945. Y resulta insatisfactorio debido a que, aún 2007 – año de la primera edición-, y teniendo en cuenta que en su Bibliografía podemos observar que se incluye historiografía reciente sobre la cuestión, James Sheehan caracterice de modo uniforme a las sociedades de Gran Bretaña, Francia y Alemania como ejemplos de militarización plena, especialmente en elperíodo anterior a 1914. Esta concepción del período, sin los necesarios matices y en la actualidad, está prácticamente obsoleta.

Bien es cierto que desde las respectivas estructuras estatales de las grandes potencias europeas se cultivó dicha militarización, ya desde el mismo servicio militar obligatorio en los países donde este existía, ya mediante el adoctrinamiento nacionalista que se efectuaba desde el sistema de educación e instrucción pública, elevando dicho discurso de militarización a la categoría de hegemónico. Pero como bien observó H. Strachan en su volumen The First World War, obra que aparece referenciada en la Bibliografía del libro de Sheehan, el sentimiento identitario de masas mayoritario era de carácter defensivo, concepto si bien ambiguo no se correspondería al modelo de agresividad y violencia con el que Sheehan trata de caracterizar dichas sociedades. Y si bien el caso alemán del Período de Entreguerras sí estaría más cerca de este modelo, resulta muy difícil tratar de generalizarlo para el resto de Europa Occidental aunque el autor trate de introducir la trampa metodológica al dedicar una atención desmesurada al caso del estalinismo soviético, un modelo claro de militarización social pero que, en ningún caso, no sería representativo de la realidad sociopolítica de la Europa Occidental anterior a 1939.

Por otra parte, la exposición de Sheehan de los casos concretos en ocasiones resulta del todo defectuosa. Por citar dos ejemplos notorios que se corresponden al caso alemán, al cuál Sheehan siempre trata de caracterizar como modelo paradigmático, se obvia en su descripción del servicio militar obligatorio (pp. 8- 10) que éste, si bien formalmente era universal, evitaba alistar reclutas originarios de áreas urbanas y entre sus filas existía una sobrerrepresentación de individuos de origen campesino. Ello se debía tanto al temor, por parte de la cúpula dirigente del Kaiserreich, a armar e instruir a los que percibían como obreros socialistas potencialmente peligrosos y poco políticamente fiables, como en parte también a consideraciones profesionales, pues se concluyó que resultaba menos costoso equipar con armamento moderno e instruir en su uso eficaz a un Ejército relativamente pequeño. Este factor no era nada desdeñable en una época donde el Estado alemán dedicaba, año tras año, cuantiosos y crecientes recursos para dotarse de una marina de guerra capaz de disputar la tradicional supremacía naval de la Royal Navy.

El otro caso, donde resulta notoria la debilidad de la exposición histórica perfilada por J. Sheehan, lo encontramos en su descripción del fenómeno de las asociaciones de veteranos de guerra constituídas tras la desmovilización de 1919. En la p. 108 es descrito el Stahlhelm, organización que se destacó por su discurso ultranacionalista y antimarxista, como la asociación de veteranos de guerra más numerosa cuando es un error de bulto; la asociación más numerosa, con muchísima diferencia, era la asociación de veteranos del SPD, cuyo discurso era notoriamente pacifista. Se trata de un error relativamente frecuente inducido por el posterior ascenso al poder de los nazis, hecho que ha tendido a realzar el papel del Stahlhelm como antecesor y precursor del NSDAP.

En conclusión, si bien no se puede negar que el autor logra aportar algunas perspectivas de indudable interés en The Monopoly of Violence, la mayor parte del primer bloque temático en mi opinión es del todo innecesaria. Con ochenta o noventa páginas menos la obra ganaría mucho aunque quizás sí luciría menos desde el punto de vista editorial.

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