Shattering Empires: The Clash and Collapse of the Ottoman and Russian Empires, 1908-1918. Por Michael A. Reynolds (Reseña)

Shattering Empires: The Clash and Collapse of the Ottoman and Russian Empires, 1908-1918. Por Michael A. Reynolds, Cambridge: Cambridge University Press (2011). Notas al pie de página. Bibliografía. Pp. xx, 303.

En la obra a reseñar hoy, regresamos de nuevo a la Primera Guerra Mundial pero un episodio que, generalmente, ha recibido muy poca atención en España o, al menos, no sabría identificar ningún libro publicado en este país que verse específicamente sobre alguna de las cuestiones que toca Shattering Empires, aunque sea el Holocausto Armenio de 1915. De éste último caso, sólo me viene a la mente la recopilación de artículos y trabajo que fué La Gran Guerra por la Civilización del periodista Robert Fisk (Barcelona: Destino, 2005), quién dedicó algunos capítulos a la política de aniquilación ejecutada por el Gobierno otomano durante la Gran Guerra y la memoria actual sobre la misma.

En cuanto a la obra del profesor Reynolds, esta estudia cuál fué la relación entre ambos Estados imperiales en vísperas de la Primera Guerra Mundial, dedicando especial interés al juego de poder que se entabló entre ambos actores entre 1908 y 1914 en la región comprendida por el Cáucaso Meridional – o Transcáucaso- y la Anatolia Oriental. En dicha área geográfica se solapaban diversos pueblos como los armenios, los kurdos, cristianos nestorianos, georgianos y azeríes, además de un creciente número de inmigrantes cosacos, rusos y otomanos musulmanes originarios de los Balcanes. Como bien apunta el autor, esta coexistencia en un mismo espacio geográfico de una población tan variopinta acabaría desencadenando en violentos conflictos interétnicos, más en un período donde el modelo político legítimo en el sistema de relaciones internacionales entonces vigente era el del Estado- Nación europeo, donde una etnia determinada debía autogobernarse dentro de unas fronteras delimitadas y reconocidas internacionalmente.

Pero el autor no enfoca su estudio sobre la usual metodología de la historiografía de carácter nacionalista, que identifica como punto culminante la independencia de dichas naciones, si no que opta, en cambio, por aproximarse a la cuestión a partir de la perspectiva de los propios Estados imperiales otomano y ruso. Para ello, se beneficia tanto de un intenso trabajo de investigación en archivos turcos y rusos como de una extensa bibliografía secundaria; debe hacerse notar que el autor hace un uso extensivo de bibliografía en ruso y turco, además de la historiografía anglosajona, tanto original como traducida. El resultado es un tanto desigual, pues si bien se reconstruye con gran fiabilidad y detalle el proceso de toma de decisiones del Gobierno otomano, cuya titularidad la ostentaba el partido del Comité de Unión y Progreso desde enero de 1913, en el caso ruso el resultado es relativamente menos satisfactorio pero sin dejar de ser bueno. Y ello, por supuesto, sin dejar de prestar atención a las percepciones y acciones de los diversos actores en el juego de poder de esta región, cosa que Reynolds logra presentar con gran riqueza y detalle.

Otro de los puntos fuertes de esta obra, basada en sus tesis doctoral leída en 2003 (“The Ottoman-Russian Struggle for Eastern Anatolia and the Caucasus, 1908-1918: Identity, Ideology and the Geopolitics of World Order”, Princeton University) lo encontramos en el modelo de análisis empleado. Reynolds reconstruye el sistema de relaciones entre ambos Estados a partir de las tesis de la Escuela Realista de autores como Kenneth Waltz y Hedley Bull, quiénes sitúan en un plano menos relevante el impacto de la ideología en favor de los intereses geopolíticos de las unidades sociales en liza. Si bien en otros casos este modelo pueda resultar en interpretaciones incompletas o sesgadas, en el caso que nos ocupa se ajusta perfectamente a la realidad concreta de la Anatolia Oriental y el Transcáucaso, donde el discurso panislamista tuvo un impacto negligible como descubrieron, para su decepción, los agentes alemanes destacados para incitar a los súbditos musulmanes a la rebelión contra sus dominadores.

Este modelo de análisis también se demuestra acertado si tenemos en cuenta que, como apunta el autor de modo consistente, los gobiernos regionales independientes surgidos del colapso del Estado imperial ruso a raíz de la Revolución bolchevique de Noviembre de 1917 apenas mostraron voluntad para ejercerla, siendo en la práctica empujados a proclamar su independencia de Moscú debido a, por una parte, su oposición al nuevo Gobierno bolchevique como, por otra parte, al interés del Imperio Otomano a crear una serie de Estados- tapón en la región que, en el futuro, mantuviese a raya la nueva Rusia que surgiese de la Guerra Civil que justo acababa de desencadenarse. Sólo el armisticio firmado por el Gobierno otomano el 30 de Octubre de 1918 impidió que este proyecto geopolítico se llevase a la práctica.

Otra cuestión donde este modelo analítico permite un análisis histórico en profundidad es, sin duda, en la espinosa cuestión del Holocausto Armenio que referenciábamos al inicio de esta reseña. Como explica Robert Fisk en su obra, el debate histórico alrededor de esta cuestión tiende a estar muy polarizado entre, por una parte, la corriente historiográfica proarmenia y su contraparte proturca, lo cuál resulta comprensible dado que no deja de ser el reconocimiento o justificación del exterminio deliberado de 664.000 personas. En esta cuestión, el autor situa en su debido contexto histórico el proceso que llevó a la política de exterminio ejecutada por el Gobierno otomano en Mayo de 1915, siguiendo las tesis de Donald Bloxham (“The Armenian Genocide of 1915-1916: Cumulative Radicalization and the Development of a Destruction Policy”, Past and Present, nº 181, pp. 141-191. 2003) que reconstruyen este proceso como una radicalización acumulativa antes que un modelo que apunta hacia un plan premeditado otomano. La decisión para la deportación forzosa de los armenios otomanos al desierto de la actual frontera de Siria- Irak respondió, fundamentalmente, a la necesidad de resolver el problema que representaba una población percibida como potencialmente hostil que residía en las retaguardias respectivas de los frentes de batalla otomanos en Gallípoli, Palestina, Mesopotamia y el Cáucaso. Como observó hace pocos años Edward J. Erickson en su artículo “The Armenians and Ottoman Military Policy, 1915” (War in History, vol. 15 nº 2, pp. 141-167. 2008) que, sorprendentemente, no aparece referenciado en la Bibliografía del libro, la amenaza a una interrupción de las líneas de comunicación terrestres y sobre las que se asentaba la cadena logística de los ejércitos otomanos representó un factor de peso en la decisión para resolver, de modo abrupto, violento y sangriento, el nudo gordiano que representaba entonces la llamada “Cuestión Armenia”, de acuerdo a los principios del Estado- Nación con la diferencia que, en vez de acomodar las fronteras a la distribución étnica sobre el territorio, el Gobierno otomano configuró la distribución étnica de acuerdo a las fronteras entonces existentes mediante la limpieza étnica sistemática.

En definitiva, nos encontramos con un excelente ejemplo de un trabajo de investigación que ilumina un período que destaca, especialmente, por su violencia extrema, pues el autor calcula que a causa de los combates y la dislocación causada por las operaciones militares perecieron en la Anatolia Oriental, entre 1914 y 1921, el 40% del total de la población musulmana y el 45% de los armenios y cristianos nestorianos que residían allá en 1914. Pero lo peor fue que, en noviembre de 1918, cuando millones de personas habían perecido el armisticio sólo dió paso a una nueva sangrienta guerra, en este caso la emprendida por Mustafa Kemal para la independencia de la nueva República Turca y contra las victoriosas potencias de la Entente, los armenios en el este y los griegos en el oeste durante los largos años entre 1919 y 1922; y ello sin contar la Guerra Civil Rusa. Y aunque la obra sólo abarca este período en su breve Epílogo, sería de esperar que Michael Reynolds, en caso de terner la voluntad y la oportunidad, elaborase un segundo volumen dedicado a desgranar estos turbulentos años que siguieron a la conclusión de la Primera Guerra Mundial, pues los lectores de su Shattering Empires ya tendríamos la garantía que, en todo caso, este sería un trabajo serio y solvente.

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