L’imaginari imperial. El Noucentisme català i la política internacional. Por Òscar Costa Ruibal (Reseña)

L’imaginari imperial. El Noucentisme català i la política internacional. Por Òscar Costa Ruibal, Barcelona: Institut Cambó- Editorial Alpha, Biblioteca Catalana Contemporània (2002). Referencias. Bibliografía. Pp. 303.

El presente libro del doctor Òscar Costa Ruibal es una edición, a modo de ensayo, de su tesis doctoral – “La recepción del pensamiento imperialista en las élites barcelonesas del novecientos”- leída en la Universitat de Barcelona en 1992 y dirigida por Jordi Casassas, uno de los historiadores más interesantes de los que actualmente quedan en el Departamento de Historia Contemporánea de dicha universidad. Y, tras la lectura de la presente obra, queda claro que el doctor Costa Ruibal siguió las pautas historiográficas de su maestro.

La tesis del doctor Costa Ruibal, publicada gracias a la concesión del  primer Premi d’Assaig Polític que otorgó el Institut Cambó el 2002, versa sobre la recepción que tuvo entre la intelectualidad barcelonesa del período comprendido entre, aproximadamente, la década de 1890 y la Primera Guerra Mundial todo el conjunto de ideas y conceptos que sirvieron para justificar la acelerada expansión imperialista de las potencias europeas que estaba teniendo lugar durante esos años. De este modo, el autor ilustra como las élites intelectuales residentes en Barcelona expusieron diversos proyectos que deben entenderse dentro de la corriente del regeneracionismo español y que, tras la pérdida de los últimos dominios coloniales de importancia en el Caribe y el archipiélago filipino del 1898, ganó protagonismo para lo que se entendía como la culminación de un largo proceso de decadencia de España, ahora vista como un pigmeo en el sistema de relaciones internacionales entonces vigente, situación que se pondría de manifiesto al mantenerse neutral durante la Gran Guerra. De entre las élites intelectuales barcelonesas, estrechamente relacionadas con la patronal industrial y comercial organizada en el Fomento del Trabajo Nacional, también se contaban todos aquellos intelectuales que formaban parte o apoyaban públicamente al movimiento catalanista conservador, encarnado en la Lliga Regionalista.

Algunos de dichos proyectos de expansión exterior como el iberista que, entre otras cosas, defendía el establecimiento de una unión aduanera entre España y Portugal, apenas tuvieron recorrido práctico. Otros, como el americanista, tuvieron algo más de incidencia al tratar de patrocinar la corriente migratoria que, entre 1890 y 1920, estaba teniendo lugar desde España hacia América del Sur con el objeto de ganar mercados para los productos industriales catalanes y donde la emigración española hacia la otra orilla del Atlántico debería actuar como agente para su introducción. Pero el proyecto que, al menos hasta 1909, obtuvo más apoyos fue el africanista y que trataba de sacar partido de los modestos dominios coloniales en el norte de Marruecos que el Gobierno español obtuvo, en 1906, en el marco de la Conferencia de Algeciras. Más fruto de la oportunidad que ofrecía la compleja conflictividad internacional entre la Entente anglofrancesa con Alemania antes que de un plan predefinido de modo coherente, la explotación de dichos territorios atrajo el interés de destacados elementos de la burguesía barcelonesa como el conde de Güell y tuvieron lugar intensos debates sobre como debía encararse dicho proyecto colonizador.

El autor tampoco se olvida de recoger la incidencia, entre la intelectualidad residente en Barcelona, la otra cara del ideario imperialista europeo de la época concerniente a la reforma social, entendida siempre como un anivelamiento de los desequilibrios existentes en las sociedades industriales pero sin abandonar el marco general del capitalismo, y que en Gran Bretaña, Alemania y Cataluña, entre otros ejemplos, se proponía en último término como medio para poner coto a la expansión del movimiento obrero en sus respectivas sociedades. Esta corriente, que en Cataluña se inspiró en el estatismo practicado por el Kaiserreich, acabó levantando, primero suspicacias y luego el rechazo, entre el conservadurismo tradicional pues los estatistas proponían, entre otras cosas, una educación laica para las clases populares, propuesta nada digerible para las élites catalanas conservadoras y católicas del momento y que, para muestra de su talante, baste recordar que en su día aplaudió de modo entusiasta el asesinato judicial del ilustre pedagogo Francesc Ferrer i Guàrdia, bajo la acusación de haber instigado los disturbios de la Semana Trágica de Julio de 1909.

En general, la metodología del trabajo del doctor Costa Ruibal es una correcta aplicación de los métodos de análisis de la Historia Cultural, tratando de identificar cuál era el contexto concreto y rastrear el origen de las ideas publicadas por los intelectuales del momento. Por otra parte, la contextualización de la política internacional del período en general, aunque un tanto superficial, resulta satisfactoria aunque el autor, quizás imbuido por su foco de atención dedicado a la competencia colonial por África, le da a dicho factor un peso excesivo como uno de los factores que llevaron al estallido de la Primera Guerra Mundial en verano de 1914; al fin y al cabo, no fue un incidente colonial en África o China el que encendió la conflagración pero sí, en cambio, la rivalidad entre los dos bloques de alianzas defensivas del momento, la Entente anglofrancesa y rusa contra los llamados Imperios Centrales, alimentándose el temor, entre cada una de las grandes potencias, a que el debilitamiento de sus respectivos bloques de alianzas la hiciese vulnerable a las ambiciones de sus rivales.

Finalmente, cabe observar que la editorial Alpha, fundada por Francesc Cambó en 1926, es el sello editorial de la fundación privada gestionada por los descendientes del viejo líder de la Lliga Regionalista – el Institut Cambó- y que mantiene estrechas relaciones con Foment del Treball Nacional, resultando significativo que se concediese su premio a esta edición muy abreviada de la tesis del doctor Costa Ruibal, que de 800 páginas de extensión se ha visto reducida a unas 300 y observándose sólo un error factual – lord Kitchener se convierte en “Kirchner” (p. 159)-. Si bien el trabajo tiene sus méritos propios para ser premiado y publicado, el prólogo redactado por Francesc Roca que lo antecede nos lleva interrogarnos si el interés del Institut Cambó por L’imaginari imperial no respondió, además, a la corriente del pensamiento económico neoliberal que otorga, per se, a las exportaciones un peso determinante en el buen desempeño de las economías avanzadas actuales. En todo caso, la obra resulta de enorme interés tanto para el lector interesado en el Noucentisme como para todo aquel interesado en el debate político actual.

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