Soldados y fantasmas. Mito y tradición an la Antigüedad Clásica. Por J.E. Lendon (Reseña)

Soldados y fantasmas. Mito y tradición an la Antigüedad Clásica. Por J.E. Lendon, traducido por Daniel Aldea Rossell e Irene Muzás Calpe, Barcelona: Ariel, Historia (2011, 2ª edición). Prólogo de J. Carlos Iglesias Zoido. Notas al final del libro. Apéndice con ensayo bibliográfico de cada capítulo. Pp. 561.

Mientras todo el mundo que puede anda preparando la cena de Nochebuena hoy toca publicar una nueva reseña, en esta ocasión dedicada a este interesante estudio del profesor Lendon, publicado originalmente el 2005 y cuya primera edición en castellano data del 2006, incluyendo esta segunda edición un prólogo del profesor de la Universidad de Extremadura J.C. Iglesias Zoido, texto que no deja de ser una mera recensión laudatoria de la obra. Tales alabanzas no carecen de cierta justificación aunque, a mi modo de ver, quizás se ha sobrevalorado el alcance del trabajo del profesor Lendon.

En Soldados y fantasmas el autor propone, en la primera parte del libro, toda una serie de hipótesis explicativas sobre el desarrollo de la falange hoplítica y del posterior del modelo de armas combinadas de la falange macedónica, concebido por Filipo II y tan bien explotado por su sucesor Alejandro Magno. Su hipótesis respecto a que sería el marco cultural de inspiración homérica el que moldeó las prácticas militares de los griegos, durante los siglos V- II a.C., para combatir del modo que lo hacían dentro de la falange hoplítica, resulta convincente o, al menos, resultaría estar mejor fundamentado que el modelo teórico en su día expuesto por Victor D. Hanson.

En cuanto a la segunda parte, dedicada a Roma, resulta algo más problemática. Su insistencia en la agresividad extrema, casi irracional, protagonizada desde el siglo IV a.C. hasta el siglo I d.C. sucesivamente por la aristocracia, por los centuriones y, finalmente, por los legionarios romanos y tropas auxiliares como una de las claves explicativas del éxito de los ejércitos romanos en batalla campal, especialmente contra los ejércitos helenísticos del siglo II a.C., recuerda demasiado a los argumentos deterministas de William V. Harris en su muy difundido War and Imperialism in Republican Rome, 327-70 B.C. (Oxford: Clarendon Press, 1979) pero que adolece por simplificar, un tanto grotescamente, la historia de la Antigüedad como un mero relato de Roma como protagonista absoluto y predestinado, por designio divino, a prevalecer sobre todos sus enemigos.

En esta segunda parte también dedica varios capítulos al período imperial, extendiéndose su exposición hasta la célebre derrota del emperador Valente en Adrianópolis del 378 d.C., exponiéndose aquí una larga serie de novedosas hipótesis explicativas, algunas inspiradas por el ínclito historiador Everett L. Wheeler, sobre a que circunstancias respondió el desarrollo del Ejército romano altoimperial del siglo II d.C. hasta desembocar al notablemente transformado Ejército bajoimperial que, finalmente, encontraría la derrota en Adrianópolis.

Como ya hemos dicho, el trabajo del profesor Lendon resulta de interés aunque, para el lector avanzado en la cuestión, ocasionalmente la exposición puede resultar un tanto endeble, refiriendo aquí algunos ejemplos. En su narración sobre las Guerras Médicas, el lector conocedor de la obra de Heródoto se dará cuenta que el autor confía ingenuamente en el relato del logógrafo griego sobre el curso de las operaciones en las campañas del 480 y del 479 a.C. (cf. pp. 87- 88 y 99- 101), sin ofrecer un cuadro claro sobre cuál era la estrategia griega que llevó a episodios tan célebres como las Termópilas o Platea.

Otro caso de argumentación débil lo encontramos en su identificación, para los siglos I-II d.C., de la virtus o agresividad en combate del Ejército romano recaía entonces, ya en exclusividad, sobre los tropas integrantes de las cohortes auxiliares, fundamentando la hipótesis en algunas de las escenas de la Columna de Trajano. Si bien la hipótesis parecería suficientemente fundamentada, su confrontación con escenas similares de la Columna de Marco Aurelio, erigida en Roma por su hijo Cómodo durante el período 180- 192 d.C., inducen a pensar que la identificación llevada a cabo por el profesor Lendon resulta arbitraria pues en este segundo testimonio se observa a legionarios romanos protagonizando escenas de brutalidad similares (ver, especialmente, H. Sidebottom, Ancient Warfare: A Very Short Introduction, Oxford, 2004: 115- 124) a las que, según el autor, mayoritariamente protagonizarían los auxiliares romanos en la Columna de Trajano.

Por otra parte, entendemos que el método expositivo escogido por el autor no resulta el más adecuado para lo que el autor declara que intenta ser un trabajo de divulgación. Como ya se observa en el caso antes expuesto, el autor tiende a presentar como interpretaciones generalmente aceptadas lo que, en realidad, son sus propias hipótesis más o menos fundamentadas. A esta impresión contribuye la decisión de relegar las discusiones historiográficas entre interpretaciones enfrentadas, exclusivamente, al apéndice que incluye los ensayos bibliográficos respectivos de cada capítulo. Tal decisión resulta deplorable pues arrebata al lector la posibilidad de poder discernir, al menos con facilidad, cuáles son las hipótesis genuinas del autor y cuáles no lo son. También resulta llamativo que, en ocasiones, el autor matice en el ensayo final algunas de sus propias hipótesis anteriormente expuestas con toda contundencia.

Respecto a la edición española, debe subrayarse que el trabajo de corrección fue bastante descuidado, observándose que algunos fragmentos del apéndice final de notas se han traducido al castellano pero, en cambio, otros permanecieron sin traducir. Si bien eso sería algo comprensible en una primera edición del libro, al tratarse ya en este caso de una segunda edición ya no lo es en absoluto y se nos demuestra que el trabajo de revisión por parte de Ariel fue inexistente, cosa que no puede considerarse otra cosa si no un proceder del todo execrable por parte del editor.

En conclusión, sin duda se trata de un trabajo de gran interés y sugerente para cualquier lector interesado en la Historia Militar grecorromana, ofreciendo una crítica razonada contra la moda historiográfica de The Face of Battle pero sin ofrecer tampoco un modelo explicativo alternativo suficientemente sólido.

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