Vanity Fair. Por William Makepeace Thackeray (Reseña)

Vanity Fair. Por William Makepeace Thackeray, edición de Penguin Popular Classics, Londres: Penguin Books (1994). Pp. xii, 672.

En la reseña de hoy está dedicada a esta relativamente poco conocida novela de Thackeray (1811- 1863), seguramente más conocido como autor de Barry Lyndon al ser esta última adaptada al cine por el célebre Stanley Kubrick. La edición que he usado es la colección de los Penguin Popular Classics, caracterizadas por ser edicionesde bolsillo bastante dignas y a precios muy económicos.

En cuanto a la obra, Thackeray ilustra la realidad de la élite de la sociedad inglesa del primer tercio del siglo XIX a partir del relato de las vidas de Amelia Sedley y Rebecca Sharp, cuyas fortunas variarán de forma abrupta a lo largo de la narración y sobre quiénes el autor hará caer las vicisitudes más rocambolescas imaginables aunque, eso sí, sin dejar cabo suelto alguno y resolviéndolas todas de forma lógica aunque, en ocasiones, también muy sorprendente.

Una de las cuestiones que llamán la atención es la extraordinaria capacidad del autor para dotar a sus personajes de una personalidad compleja, con motivaciones complejas aunque también pueden identificarse algunos arquetipos. Por citar algunos casos a grandes rasgos, los personajes femeninos siempre son arteros y egoístas, incluída la mismaafable y bondadosa Emmy Sedley, además de estar casi siempre predispuestas al chismorreo, dar pábulo a sus prejuicios y a conspirar contra el resto de mujeres. En cambio, los arquetipos masculinos son algo más variados: ya pudiendo ser mezquinos, avariciosos, pusilánimes y lujoriosos o, en contraste, nobles y honrados aunque bien es cierto que el autor, en determinados casos, desarrolla algunos personajes desde el arquetipo negativo antes descrito hacia el modelo ideal que encarnaría, por ejemplo, William Dobbin.

Respecto al contexto social, el autor no deja de subrayar, siempre con altas dosis de ironía y buen gusto, la hipocresía latente en todas las relaciones del alta sociedad del momento, como bien describe en boca de uno de los personajes tras ser denunciado públicamente por su mala reputación:

My honour is as untouched as that of the bitterest enemy who ever maligned me. Is it for being poor, forsaken, wretched, that you accuse me?

En definitiva, aunque el relato de lo que Thackeray denominó como la “hoguera de las vanidades” quizás se dilata un tanto excesivamente, su lectura es de lo más entretenida y amena.

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