Las aventuras del buen soldado Švejk. Por Jaroslav Hašek (Reseña)

Las aventuras del buen soldado Švejk. Por Jaroslav Hašek, traducido por Monika Zgustova, Barcelona: Galaxia Gútemberg- Círculo de Lectores (2008). Pp. 793.

Hoy volvemos con el genial libro del escritor checo Jaroslav Hašek (Praga, 1883- Lipnice nad Sázavou, 1923), que incluye las ingeniosas ilustraciones que le preparó el ilustrador y amigo Josef Lada (Hrusice, 1887- Praga, 1957), además de una renovada traducción al castellano que respeta la grafía del texto original en checo.

La obra no deja de ser una gigantesca sátira de la sociedad checa anterior a 1914, además de poner en la picota a todas y cada una de las instituciones de la corrupta monarquía austríaca, ya fuesen el Ejército, la Iglesia católica o la Policía, llegando el lector a la conclusión, poco desencaminada, de que todas y cada una de estas instituciones constituían un ajado y poco lustroso muermo que lastraba la vida cotidiana de los checos. Esta percepción de la realidad deriva, en gran medida, de la experiencia personal del mismo autor, pues éste se crió en un entorno familiar caracterizado por la pobreza y llevaba una vida bohemia antes de alistarse en enero de 1915. El tono autobiográfico de la obra se torna evidente al constatar, por ejemplo, que Hašek fue también criador de perros y que frecuentaba asiduamente las tabernas de Praga al igual que el siempre vivaz, pícaro y entrañable Švejk; la interminable lista de anécdotas militares que aparecen narradas fueron fruto o bien de su experiencia personal en el servicio militar o recogidas de sus compañeros de armas en la Gran Guerra antes de caer él prisionero de los rusos. Esta constatación no deja ser, en cierto sentido, un tanto inquietante, pues sólo sospechar que quizás existiese un individuo tan despreciable como el subteniente Dub no deja de causar cierta inquietud a un servidor.

A mi parecer, si alguna parte debe destacarse especialmente sería la anábasis del protagonista para llegar a Budějovice y así incorporarse a su regimiento junto al teniente Lukáš, personaje este último que acaba manteniendo una relación de lo más ambivalente con Švejk. En este extraordinario relato sobre como los azares del destino parecen conjurarse contra el terco protagonista para que éste no alcance su objetivo sirve, además, para ofrecer una maravillosa y vivaz descripción del campesinado checo, pudiéndose percibir a lo largo este periplo el ideario anarquista del que autor hizo gala en vida, concretamente en su idealización de la figura del campesino.

Otra de las descripciones más llamativas y con mayor dramatismo e intensidad es la que hace de la devastación y restos de la gigantesca matanza que había tenido lugar meses antes en Galizia, posiblemente tras haber pasado por esa región durante la primavera de 1915, una vez que la línea de frente se había desplazado hacia Cracovia. Esta campaña, librada desde Agosto de 1914 hasta Marzo de 1915, resultó especialmente sangrienta, bastando recordar que sólo durante los desastrosos meses de agosto y septiembre se contaron 350.000 bajas entre las filas de los ejércitos austro-húngaros en campaña.

Finalmente, debe observarse la naturaleza inacabada de esta obra de Hašek, que finaliza  abruptamente en medio de lo que debería haber sido sólo la cuarta entrega de un total de seis partes, a raíz de su prematura muerte por enfermedad. Y repasando toda la ristra de extraordinarias, grotescas  e hilarantes experiencias que sazonan el libro, quizás deba advertirse que entre ellas se cuentan un puñado de historias estereotipadas sobre judíos. Además, algunos de los personajes judíos representados en las ilustraciones de Lada presentan los rasgos físicos estereotipados tradicionales del corpus discursivo del antisemitismo decimonónico centroeuropeo, los cúales quizá puedan causar cierta turbación al lector actual. Aunque, a criterio del autor de esta reseña, estos casos deberían entenderse sólo dentro del marco sociocultural checo del primer tercio del siglo XX y, en todo caso, no deprecian en absoluto el enorme valor literario de la narración de las aventuras de Švejk, abnegado soldado del Ejército austro-húngaro e idiota oficial.

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4 comentarios en “Las aventuras del buen soldado Švejk. Por Jaroslav Hašek (Reseña)

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  2. Pues esta traducción será todo lo correcta y directa que quieran del checo, pero vamos, me niego a que se cambie lo de “valeroso” a “buen soldado”…. no y no. A dónde vamos a llegar.

    Lo del antisemitismo la verdad es que no lo recuerdo para nada, no sé si porque la vieja traducción de Destino (a saber desde qué idioma) lo suprimía, o por mi mala cabeza. Tampoco recuerdo que saliera en la serie alemana, que por cierto, continuaba la historia con las nuevas aventuras que escribió Karel Vanek, ya como prisionero de los rusos.

    Nada más queda por añadir, excepto recordar, una vez más, mi inquebrantable adhesión y lealtad hacia nuestro monarca, Francisco José, al que Dios guarde muchos años.

  3. Que añejo eres, Schwejk 😉

    Respecto a mi referencia a los gags antisemitas, deben entenderse que aparecen sólo en la línea del resto de la obra: una sátira pura y dura y, para ello, se utilizan tópicos como su amor por el dinero, si son estafadores… Además de que en las ilustraciones siempren aparecen con los mismos rasgos: orejas grandes y nariz larga. Eso sí, tampoco se aprecia ninguna animadversión especial que invite a hacer un progrom.

    En cuanto a la serie, ya me lo comentaron en Meneame… Tendré que hacerme con ella 🙂

    Un saludo,

  4. Hašek nos legó un relato fantásticamente divertido para ilustrar un momento histórico clave en la Historia de esa Europa que iba a entrar en el corte siglo XX aquel del que habló Hobsbawm. No sólo la sátira es deliciosa y la altura literaria del libro más que notable sino que es una evidencia de la tremenda modernidad del autor.
    Tal vez la cuestión no esté en la medida en que la monarquía austro-húngara pudiera ser corrupta, carca o tuviera un mayor o menor apoyo por parte de las sociedades políticas que se integraban en el el estado bicéfalo. Ni siquiera en si Hašek es un reflejo de la actitud de la sociedad checa hacia las estructuras imperiales – cosa, por otro lado, muy dudosa. En mi opinión, parte de su grandeza radica en su capacidad para ilustrar, precisamente, el gran cambio que se estaba produciendo en Europa en esa época, el gran salto desde el siglo XIX del Liberalismo burgués que se cerraba (me gusta pensar en las obras de Zweig, de Klimt o de Mahler, en el contexto vienés) a la efervescencia revolucionaria del período que va de la Primera a la Segunda Guerra Mundial.
    Hašek me resulta un testimonio de ese afán de cambio, de transformación del Mundo, a través de su retrato del entorno en que vivió punzante, simpática y canalla. Acaso, de muchas de las mejores ilusiones que compartió mucha gente en esos años acerca de las posibilidades de superación del viejo pasado. Pensar, en cambio, en Kafka, me hace recordar la perplejidad y la desazón de muchos otros hacia los desajustes y los horrores que en gran medida sellaron la clausura de los paradigmas del XIX y el sangriento y, en buena medida, desilusionante inicio del XX europeo.

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