Frankenstein. Por Mary Shelley (Reseña)

Frankenstein, or Modern Prometheus. Por Mary Wollstonecraft Shelley, edición Penguin Popular Classics, Londres: Penguin Books (1994). Pp. 215.

Esta popular novela de Mary Shelley era, desde hacía años, una de las lecturas que tenía pendientes pero que, por aquel u otro motivo siempre acabé relegando. Y hoy, tras leerla ya a las puertas de la treintena, me doy cuenta que seguramente he llegado tarde para poder disfrutarla.

La autora fue hija de Mary Wollstonecraft, conocida escritora y filósofa cuyo pensamiento, forjado en parte al calor de la Revolución Francesa que ella presenció en su fase más radical tras la ejecución de Luis XIV, ha sido uno de los principales antecedentes teóricos del pensamiento feminista actual. Este aspecto se hizo sentir en esta obra, pues la misma denota la vasta educación que la autora recibió de sus muy notables progenitores – su padre, William Godwin, fue por su parte uno de los precursores del pensamiento anarquista contemporáneo.

Los personajes son, por norma general y de acuerdo a los cánones literarios de la época, totalmente arquetípicos. Sólo la figura de la criatura creada por Victor Frankenstein presenta matices de interés, resultando especialmente llamativo el ejercicio de la autora para concebir, de forma coherente, como podría tener lugar el proceso de formación de la personalidad del monstruoso ser.

Desgraciadamente, al ser una novela tan popular ha sido objeto de todo tipo de adaptaciones al cine o bien su argumento ha sido tomado como préstamo por autores posteriores. Esta circunstancia ha supuesto que un servidor no pudiese acabar de engancharse a la novela. Reflexionando al respecto, supongo que mi problema reside en que, como ya he apuntado al inicio de la reseña, he llegado tarde para poder apreciarla en su justa medida.

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Un comentario en “Frankenstein. Por Mary Shelley (Reseña)

  1. Quizás el problema radica en que está escrito en forma “epistolar” y esto hace al libro un poco anticuado y pesado de leer. De todos modos sigue siendo una gran obra… yo lo leí a los 18 años, pero no creo que la edad tenga nada que ver. Saludos!

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