Sale of the Century: The inside story of the Second Russian Revolution. Por Chrystia Freeland (Reseña)

– Sale of the Century: The inside story of the Second Russian Revolution. Por Chrystia Freeland, Londres: Abacus (2005, 2ª edición). Fuentes y bibliografía. Pp. xiv, 384.

Aprovechando este tan oportuno puente de agosto, retornamos con una reseña dedicada al libro de la periodista canadiense Chrystia Freeland, cuya carrera la llevó a ejercer, entre otras responsabilidades, directora de la oficina del Financial Times para Rusia y Europa Oriental entre enero de 1995 y agosto de 1998, ejerciendo actualmente editoral general de Reuters tras su fugaz carrera política en su país natal. A raíz de su experiencia y el contacto mantenido con numerosos políticos y altos funcionarios rusos, contándose también entre estos a los famosos y megamillonarios oligarcas, la autora publicó ya el 2000 la primera edición, siendo esta segunda edición del 2005 ampliada con un capítulo adicional que versa sobre el primer mandato presidencial de Vladimir Putin.

El lector encontrará en esta obra un interesante relato sobre la concepción y ejecución del proceso el proceso de privatizaciones de las empresas públicas de la extinta Unión Soviética que tuvo lugar entre 1992 y 1994, las “rebajas del siglo” que dan el título del libro, además de dedicar desgranar los orígenes de los grandes oligarcas rusos como Potanin, Mikhail Friedman, Gusinski, Berezovski y Khodorkovski, estos dos últimos especialmente conocidos en Occidente por la reciente muerte del primero en Londres en extrañas circunstancias y el segundo por ser por llevar estar actualmente prisión tras ser arrestado el 2003, formalmente por cargos de corrupción y blanqueo de dinero aunque probablemente, también a raíz de los recelos que su prestigio político causaba en Vladimir Putin.

En cambio, otras cuestiones que sólo aparecen de pasada son episodios tan sonados como el bombardeo ordenado del parlamento ruso – la “Casa Blanca”- ordenado por Boris Yeltsin en octubre de 1993 o las dos guerras de Chechenia. En cambio, sí dedica un amplio espacio a la campaña para las elecciones presidenciales de 1996, donde los oligarcas dieron un apoyo unánime a Yeltsin contra el comunista Gennadi Zyuganov quién, tras su sonoro éxito electoral en las elecciones parlamentarias de 1995, era considerado como el candidato más probable que resultase victorioso en dicha contienda. Sólo el flujo masivo de dinero para financiar la campaña de Yeltsin y, junto a prácticas torticeras contra sus rivales como la prohibición gubernamental de dar mítines en las universidades o, incluso, la distribución de información falsa entre los periodistas respecto a los horarios y/o fecha de los actos electorales del Partido Comunista para así dificultar su cobertura en la prensa escrita rusa.

Respecto al colapso financiero de agosto de 1998 que conllevó la liquidación de la mayor parte de la banca rusa y, por extensión, la evaporación de los ahorros de millones de rusos, su relato presenta un problema conceptual que también puede apreciarse al relatar el colapso de la economía soviética durante la segunda mitad de la década de 1980. Al respecto, la autora apela a los usuales lugares comunes sobre la mala gestión de la economía planificada soviética, aspecto parcialmente cierto pero que si se contrasta con estudios más sistemáticos, como hizo Josep Fontana en su reciente Por el bien del imperio, resultan insuficientes. Debe tenerse en cuenta que, desde finales de la década de 1970, la URSS dependía de forma creciente de sus exportaciones de petróleo, ingresos entonces fáciles de obtener gracias al contexto de precios elevados del petróleo en los mercados internacionales. Cuando estos empezaron a bajar a partir de 1985, la Unión Soviética vio que sus ingresos menguaban de forma acelerada, llevando al colapso económico que imposibilitó continuar sosteniendo el inmenso gasto militar para, primero, desbancarla de su posición como una de las dos superpotencias hegemónicas de la Guerra Fría, conllevando a continuación a su desintegración política, acaecida durante 1991. La autora parece no saber o, siendo malintencionado, no querer darse cuenta que la prosperidad consumista que ella pudo apreciar a su llegada a Rusia en 1995 era fruto de que entonces el petróleo volvía a estar a precios relativamente altos y la burbuja especulativa y corrupta generada alrededor de las privatizaciones. Pero cuando en la primavera de 1998 los precios del petróleo volvieron a descender, el colapso financiero ruso estaba cantado.

En definitiva, Sale of the Century resulta una lectura interesante, ilustrativa y, en ocasiones, muy lúcida sobre las realidades de la política rusa aunque, en cambio, adolezca de un sesgo ideológico de cariz liberal que, en la práctica, le impide realizar un análisis socioeconómico serio.

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