Jack’s Journey: An Anzac’s descent into death, disaster and controversy at Gallipoli. Por Kit Cullen (Reseña)

– Jack’s Journey: An Anzac’s descent into death, disaster and controversy at Gallipoli. Por Kit Cullen, Sydney: Allen & Unwin (2013). Notas al final del libro. Bibliografía. Pp. xviii, 366.

Retornamos con una nueva reseña, en esta ocasión a este interesante y reciente trabajo de un historiador aficionado australiano que, casi casualmente, ha cuestionado de modo fehaciente la credibilidad del autor de la Historia Oficial australiana de la Primera Guerra Mundial, aunque sea en un episodio relativamente menor: el combate librado, entre el 1 y 2 de mayo de 1915, por la compañía D del 4th Btn australiano en el llamado Death Trap Valley en el marco de la campaña de Gallípoli. Según desvela Kit Cullen, este episodio fue omitido por Charles Bean, autor de seis de los doce volúmenes de la Historia Oficial antes mencionada, sustituyendo al 4th Btn por el 3rd Btn, formación esta última de la que, casualmente, formaba parte su hermano, Jack Bean, como oficial médico. De este modo, en su relato de dichos combates, los actos heroicos protagonizados por la compañía D simplemente desaparecen, a pesar que en 1915 el 4th Btn mereció menciones públicas al valor demostrado por sus soldados precisamente por esta acción. El autor sugiere que la omisión habría sido deliberada, punto este último que ha merecido una crítica de la Sección de Historia Militar del Australian War Memorial.

El título de la obra deviene de lo que, a priori, era el tema central de su investigación: los diarios de Jack Collyer, originario de Mudgee, NSW y enrolado como voluntario en agosto de 1914 en las filas de la Australian Imperial Force, organizada apresuradamente por el Gobierno australiano del momento para enviarla como fuerza expedicionaria a Europa. Dichos diarios se extienden hasta el 25 de abril de 1915, cuando su batallón entró en combate en Anzac, la playa donde desembarcó la 1st Division australiana. De este modo, el libro le dedica al estudio de los diarios las casi primera noventa páginas, dedicando luego una atención especial a los combates que libró el 4th Btn hasta el 5 de mayo a partir del testimonio de tanto de documentos de archivo como de memorias y recuerdos publicados posteriormente. Finalmente, el autor muestra con detalle cuál fue el final del mismo Jack Collyer, herido de gravedad durante el combate antes referenciado y que acabó falleciendo de sus heridas el 4 de mayo.

Los méritos de esta obra saltan inmediatamente a la vista, pues el autor demuestra la enorme dedicación que representa intentar reconstruir con detalle el devenir del batallón y de un individuo en concreto, beneficiándose para ello del enorme volumen de documentos preservados en los archivos australianos y de numerosos testimonios secundarios publicados posteriormente en la prensa local. La obra resulta apreciable por ser un excelente ejemplo de un estudio histórico que se sitúa, claramente, a la luz de la llamada tendencia The Face of Battle de John Keegan, corriente reivindicada por muchos autores aunque, luego, no dejen de producir las usuales y tópicas narrativas históricas donde la experiencia del combatiente en la batalla, del sharp end of combat, sólo aparece de vez en cuando como anécdota o de forma inadecuada y sin el necesario contexto que permita situar el testimonio en perspectiva.

Por otra parte, el autor demuestra también capacidad para aplicar una perspectiva amplia sobre las realidades de la campaña de Gallípoli. Por una parte, los diarios de Jack Collyer le permiten dedicar una parte sustancial de la obra a la vida cotidiana de los soldados en su trayecto en barco desde Melbourne hasta Egipto y, luego, los meses de instrucción pasados en Egipto previos a su embarque para la consecución del infructuoso plan ideado para intentar forzar el paso de los Estrechos del Bósforo y de los Dardanelos hacia el Mar Negro. Resulta también de agradecer constatar que el autor, como historiador aficionado, no se deja llevar por el discurso nacionalista australiano donde se da entender que los soldados del Down Under fueron inadvertidamente llevados al matadero sólo para mayor gloria del Imperio Británico. En realidad, dicho tópico suele ignorar que estos voluntarios se consideraban, ante todo, orgullosos súbditos de ese Imperio Británico. Y que entre los mismos contemporáneos no era ningún secreto que la AIF se había creado tan apresuradamente para, precisamente, saciar el afán imperialista de las élites políticas australianas para beneficiarse de los dominios coloniales alemanes en el Pacífico en la vecina Nueva Guinea, entrando en una especie de carrera contrarreloj contra Japón, oficialmente aliado de Gran Bretaña y también con sus propias ambiciones expansionistas en el Pacífico. El cabo Howard McKern del 4th Btn escribió una carta publicada en The Sydney Morning Herald del 1-IX-1915 (citada en p. 85) que, entre otras cosas, declaraba que Gallípoli representaba:

the first attempt of any importance that Australia has made to assert herself amongst the nations of the world

Por otra parte, baste recordar que el 19-VIII-1914 ya había sido movilizada y despachada hacia Nueva Guinea la llamada Australian Naval and Military Expeditionary Force; el importante político británico lord Esher, estrechamente relacionado con el Gabinete del PM Herbert H. Asquith, haría notar en su Diario el 11 de agosto que Japón, que declararía la guerra a Alemania el 23 de agosto, ambicionaba las posesiones coloniales alemanas que el Gobierno británico ya había prometido previamente a Australia y Nueva Zelanda (ver I.H. Nish, “Japan” en K.M. Wilson, ed. Decisions for war, 1914, pp. 209-228: 226. Londres: UCL Press, 1995). También resulta saludable el empeño de Kit Cullen para deshacer los mitos supremacistas sobre la virilidad de los voluntarios australianos, estando la historiografía tradicional australiana sobre las dos guerras mundiales repleta de tópicos sobre altos y fuertes soldados australianos derrotando a turcos, árabes, italianos y krauts casi sin despeinarse. En esta línea, también resulta remarcable el interés del autor para intentar recoger testimonios sobre el desempeño de las unidades otomanas, formadas por árabes y turcos, que tomaron parte en los combates en Anzac durante las semanas inmediatamente al desembarco del 25 de abril. También resulta relevante observar el empeño del autor para contextualizar algunas referencias socioculturales presente en los diarios de Jack Collyer y que al lector contemporáneo no sabría apreciar, como pueden ser las “enseñanzas de Chidley” (ver pp. 20-21) o su apreciación sobre la Esfinge de Gizeh (p. 42), recordando al lector que en 1914 dicho monumento permanecía semienterrado.

Finalmente, debe observarse sólo una errata menor. En el mapa de la p. 15, donde se describe el trayecto del AIF de acuerdo a los términos geográficos vigentes en 1914, se observa que la Península Arábiga aparece descrita con etiqueta de “Saudi Arabia”, lo que no deja de ser un anacronismo pues el actual reino de la Arabia Saudí, gobernada por la familia de al-Saud, se constituyó sólo después de la derrota definitiva del Imperio Otomano en 1918. Anacronismo que no desmerece, en absoluto, una obra que destaca por su laborioso trabajo de investigación y erudición.

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