The Great Disorder: Politics, Economics, and Society in the German Inflation 1914-1924. Por Gerald Feldman (Reseña)

– The Great Disorder: Politics, Economics, and Society in the German Inflation 1914-1924. Por Gerald D. Feldman, Nueva York: Oxford University Press (1997 2ª edición). Notas al final del libro. Bibliografía. Pp. xx, 1.011.

Retornamos con una nueva reseña, en esta ocasión dedicada a esta obra magna del difunto historiador Gerald D. Feldman (n. 1937- m. 2007) donde se desgrana, con sumo detalle, todo el proceso de toma de decisiones que, desde el estallido de la Gran Guerra en verano de 1914, llevaron a la llamada “Gran Inflación alemana” de 1923. Hecho este último que se suele relacionar, con más o menos fortuna, con el ascenso del poder de Adolf Hitler y de los nazis en enero de 1933, de ahí que sea uno de los episodios históricos que ha recibido más atención por parte de historiadores y economistas durante estos últimos noventa años, hasta el punto que no resulta infrecuente su invocación, por parte de opinadores y tertulianos, en debates de naturaleza económica de la radio y la televisión durante estos últimos años, caracterizándose habitualmente como un caso de como unos políticos sin escrúpulos pueden llevar, mediante la inflación desbocada de 1923, a la ruina a un país próspero e industrioso como lo era Alemania y su clase media antes de la “Gran Inflación”, ahogada en miles de toneladas de papel moneda que carecía de valor alguno.

Imagen tópica de la Gran Inflación alemana de un policía custodiando un canasto a rebosar de marcos alemanes en papel moneda sin valor alguno. Portada del reciente libro de F. Taylor, The Downfall of Money: Germany’s Hyperinflation and the Destruction of the Middle Class (Nueva York, 2013).

Esta imagen no deja de ser un estereotipo, ya generado durante la década de 1920 y que acabó calando entre los alemanes que vivieron ese momento histórico, aunque también sea sólo una representación interesada de la realidad al obviar que las finanzas alemanas ya estaban en ruinas mucho antes de 1923. La movilización financiera para el sostenimiento del esfuerzo bélico de 1914-1918 se había llevado a cabo, primordialmente, a partir de los bonos de guerra vendidos a los alemanes y obviándose, en la práctica, el aumento de la presión fiscal sobre las rentas más altas como sí hizo el Reino Unido, decisión que se mostró posiblemente a largo plazo más acertada, tanto desde el punto de vista sociopolítico como económico pues, tras finalizar la guerra el 1918, se pudo revertir mediante políticas deflacionarias y sin causar una hecatombe en el país, como sí ocurriría en Alemania, pues los gobernantes del Kaiserreich se ocuparon de engañar a su pueblo al hacerle creer que su dinero empeñado en la compra de deuda pública del Reich no perdería valor.  A esa hecatombe a la que contribuyó, sin duda, la derrota padecida por el ejército alemán en los campos de batalla durante el verano de 1918 y refrendada en el armisticio del 11 de noviembre así como en el Tratado de Versalles de 1919, estaría nuevamente aderezada con la mentira creada por Luddendorf y esos mismos políticos, ahora desplazados del poder político por la Revolución que depuso a la monarquía en noviembre de 1918, consistente en que todo se había debido a la supuesta traición cometida por los liberales y a la conspiración judeobolchevique en la retaguardia. Mentira a la que ni la centroizquierda ni los socialdemócratas alemanes del momento, en un ejemplo de cobardía y falta de talento políticos, no quisieron hacer frente. De este modo, la nueva República de Weimar se vería sumida en el descrédito de haber nacido de una supuesta traición para luego llevar a la ruina a los alemanes.

Este discurso, como ya hemos dicho, era un mero estereotipo. En contra de la creencia más habitual, Alemania en 1914 y en 1923 estaba lejos de ser un país plenamente industrializado. Como hizo notar posteriormente Adam Tooze en su The Wages of Destruction, aún en la década de 1920 una parte sustancial de la población vivía de la agricultura de subsistencia y el nivel de vida de obreros y campesinos, aún en 1914, estaba muy por debajo de sus pares en Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña. Como observa Gerald Feldman, este fue uno de los mitos generados durante la década de 1920, la de una idealizada, feliz y próspera Arcadia alemana que contrastaba con la pobreza y escasez actuales. A su vez, la minuciosa reconstrucción que hace el autor del proceso de toma de decisiones indica, en contra de otro de los tópicos entonces vigentes, que no existió una voluntad deliberada de los sucesivos Gobiernos alemanes entre 1919 y 1923 de devaluar la moneda con el objeto de reducir el valor real de tanto de la deuda pública alemana como de las reparaciones de guerra que debían pagarse a las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial. Más bien, los gobernantes del momento se vieron en la necesidad de imprimir dinero en un contexto en que los ingresos del Estado eran mínimos a raíz de un sistema de recaudación tributaria más que deficiente; el Impuesto sobre la Renta no se introdujo hasta otoño de 1919 pero las deficiencias legislativas y la inexperiencia institucional llevaron a que, por citar un ejemplo, hasta 1923 el retraso en la liquidación de dicho impuesto no conllevaba ninguna penalización en concepto de intereses de demora, dando cancha así a todo de tipo de fraudes. Dichas deficiencias institucionales también eran observables en la dirección del Banco Central alemán, el Reichsbank, dirigido por Rudolf von Havenstein y guiado por una tan personalista como deshonesta visión de las finanzas del Reich, donde la mentira era el pan de cada día. A su vez, los gastos del Estado se incrementaban al tener que sostener un sistema de subsidios de desempleo para hacer frente a la desmovilización de las fuerzas armadas de 1918-1919, cuestión sensible y difícil incluso en los contextos más favorables y que, en un contexto de agitación revolucionaria y nacionalista como la existente tras el fin de la Gran Guerra, representaba un gasto público del que no podía prescindirse sin provocar aún más inestabilidad en el país. Y, para más inri, dicha depreciación del marco alemán resultaba beneficioso para las exportaciones de la industria alemana, absorbiendo esta mano de obra a la par que los industriales alemanes continuaron obteniendo los fenomenales beneficios tal y como habían hecho en la Gran Guerra.

Der Schieber (“El Especulador”), 1920. Heinrich Maria Davringhausen (1894-1970). Kuntsmuseum de Düsseldorf im Ehrenhof.

Por otra parte, el autor también dedica gran atención al contexto sociocultural del momento pues, de otro modo, resultaría casi imposible comprender como los discursos revanchistas, nacionalistas y contra los Schieber – “especuladores”- de la extrema derecha alemana pudieron calar tan profundamente entre el pueblo alemán, abriendo a las puertas a que los alemanes no viesen, al menos, con malos ojos el ascenso al poder del Tercer Reich desde 1933. Al fin y al cabo, la “Gran Inflación” se acabó resolviendo con un Gobierno del canciller Gustav Stresemann que, entre otras cosas, no dudó en recurrir al Artículo 48 de la Constitución que le habilitaba gobernar sin la intervención del Reichstag para restaurar el orden en la economía y poner fin a la violencia política existente en otoño de 1923. Si bien se retornaría a la vía parlamentaria tras el paréntesis de noventa días que autorizaba la Constitución, la derecha conservadora alemana no dudaría en recurrir a dicho expediente en 1932-1933 para hacer frente a la Gran Depresión iniciada el 1929, abriendo así las puertas a Adolf Hitler y a su NSDAP.

En definitiva, esta obra se ha convertido merecidamente en la obra de referencia para cualquier estudioso, por ejemplo de la Primera Guerra Mundial, de ese período tan convulso de la Historia que Eric Hobsbawm describió como la “Era de la Catástrofe”.

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2 comentarios en “The Great Disorder: Politics, Economics, and Society in the German Inflation 1914-1924. Por Gerald Feldman (Reseña)

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