The Battle of Bretton Woods: John Maynard Keynes, Harry Dexter White, and the Making of a New World Order. Por Benn Steil (Reseña)

The Battle of Bretton Woods: John Maynard Keynes, Harry Dexter White, and the Making of a New World Order. Por Benn Steil, Princeton, NJ: Princeton University Press (2013). Bibliografía. Notas al final del libro. Pp. xi, 449.

Retornamos con una nueva reseña, en esta ocasión dedicada a una obra que ha resultado tan sorprendente como decepcionante. Sorprendente, porque resulta un tanto incongruente dedicar una cuarta parte de la extensión de la obra a pregonar las tesis de la literatura de cazaespías de la Guerra Fría y que gira alrededor de la figura de Harry D. White, secretario adjunto del Departamento del Tesoro y jefe de la delegación estadounidense en la conferencia de Bretton Woods celebrada en julio de 1944. Y decepcionante porque no aporta nada especialmente sustancial a esta cuestión.

La importancia de dicha conferencia residió en que representó que el dólar estadounidense se convirtió en el sustituto, de facto, del patrón-oro en uso hasta 1914 y, de forma más efímera, entre 1925 y 1932 por parte de la gran potencia decimonónica, el Reino Unido de la Gran Bretaña. El resultado de la conferencia estaba ya prácticamente prefijado desde que Winston Churchill había aceptado el Artículo VII de la Carta del Atlántico en agosto de 1941 y que, en resumen, representaba la renuncia de Gran Bretaña a sostener relaciones de intercambio privilegiadas, o Imperial Preference, con sus Dominions como Canadá, Sudáfrica, Australia, India, etcétera. De este modo, Bretton Woods sólo representó la presentación formal de una realidad geopolítica ya evidente desde hacía veinticinco años: la supremacía de los Estados Unidos como primera potencia financiera y que desde 1944 se ejercería a través de las diversas instituciones multilaterales nuevas, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; o refundadas, como el Banco Internacional de Pagos con sede en Basilea (Suiza). En esta línea, a mi entender el Vidas Paralelas de Jorge Pérez Ramírez resulta una síntesis y un análisis más interesante de esta cuestión que el que expone B. Steil en este libro.

Respecto a la cuestión de la caza de brujas, la obra se sitúa dentro de la corriente hegemónica entre la literatura política y económica estadounidenses que, aún hoy, da carta de validez a los resultados de la famosa caza de brujas emprendida por diversos personajes de la derecha estadounidense en la Cámara de Representantes, a través del infame Comité de Actividades Antiamericanas, entre 1948 y 1954 que, en sus inicios, quiso ser solamente un ajuste de cuentas contra los responsables de las sucesivas administraciones de Franklin D. Roosevelt entre 1933 y 1945 y que más se habían significado en la aplicación del programa del llamado New Deal. La naturaleza sesgada de la obra o, más bien de sus fuentes, puede observarse en su caracterización de Alger Hiss, funcionario designado del Departamento de Estado y condenado el 1950 por perjurio, según B. Steil, in relation to his denial of involvement in Soviet espionage activities (p. 361); en realidad, la condena a cuatro años devino de haber negado previamente en sede judicial el haber tenido toda la relación con Whittaker Chambers (cf. J. Fontana, Por el bien del imperio, p. 106. Barcelona: Pasado & Presente, 2011).

El afán del autor sería aprovechar la ocasión para descalificar ad hominem al New Deal estadounidense como, de forma también evidente, al corpus teórico del economista británico J.M. Keynes, cosa por otra parte muy frecuente entre la Academia estadounidense más próxima a los lobbies de los intereses financieros existentes en Estados Unidos. En este caso, si bien el autor se cuida en declarar (en pp. 57-58) que las iniciativas de White en el Departamento del Tesoro no estuvieron motivadas desde el espionaje soviético sino por sus propias convicciones individuales, en cambio en pp. 328-329 da por buenas las declaraciones del informante W. Chambers señalando a White como un agente al servicio de la Unión Soviética y que había moldeado la política estadounidense de acuerdo a los intereses de Moscú. Según parece, eso incluía ser un firme partidario, por ejemplo, de mantener una política amistosa con Gran Bretaña, especialmente a lo que se refería a la aplicación de las diversas fases del Lend Lease en 1945 y en oposición a las voces de la derecha republicana en el Congreso partidarios que exigían condiciones especialmente duras al Gobierno británico.

Resulta claro que el autor que el autor cae en una seria contradicción. Por una parte, se queja que en la actualidad unos acuerdos como los de Bretton Woods resultarían impensables al carecerse de un contexto de confianza geopolítica como el existente entre los gobiernos estadounidense y británico entre 1940 y 1945 entre, por ejemplo, rivales del mundo actual como China y los Estados Unidos. En cambio, por otra parte el autor denosta a los funcionarios estadounidenses quiénes habían mantenido, durante la década de 1940, posiciones favorables a mantener una actitud de concordia con Gran Bretaña y su entonces rival geopolítico, la Unión Soviética. Constatación esta última que resulta, cuanto menos, significativa.

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