La destrucción de los judíos europeos. Por Raul Hilberg (Reseña)

La destrucción de los judíos europeos. Por Raul Hilberg, traducción de Sergio Ramírez, Madrid: Akal, Cuestiones de Antagonismo 33 (2005). Bibliografía. Notas al pie de página.

Muy posiblemente éste ha sido el libro más voluminoso que había leído nunca. Sólo The Great Disorder de Gerald Feldman podría homologarse con este leviatán de más de mil cuatrocientas páginas. Y, a decir verdad, resulta un gran colofón para mi larga serie de lecturas dedicadas al negacionismo del Holocausto Judío y del revisionismo neonazi que han ido acompañadas de lecturas diversas sobre el antisemitismo y aspectos concretos de la política criminal del Tercer Reich, pues hace una exposición exhaustiva de todos los procesos y decisiones que llevaron al asesinato de masas de millones de personas por parte de la Alemania nazi, sin obviar tampoco un repaso a los juicios contra los crímenes, las reclamaciones por los bienes sustraídos por los nazis y sus cómplices y el destino mismo de los judíos europeos durante la posguerra inmediata.

Adolf Eichmann, posiblemente en 1942. Eichmann fue responsable de las operaciones de deportación de cientos de miles de judíos a los campos de exterminio nazis en Polonia. Raul Hilberg recoge que, en algún momento entre 1944 y 1945, Eichmann expresó que "el sentimiento de haber matado a cinco millones de enemigos del Estado le había dado tanta satisfacción que saltaría riendo a la tumba (p. 1.091). Eichmann fue ahorcado en Israel en 1962. (Fuente: Wikimedia Commons.

Adolf Eichmann, posiblemente en 1942. Eichmann fue responsable de las operaciones de deportación de cientos de miles de judíos a los campos de exterminio nazis en Polonia. Raul Hilberg recoge que, en algún momento entre 1944 y 1945, Eichmann expresó que “el sentimiento de haber matado a cinco millones de enemigos del Estado le había dado tanta satisfacción que saltaría riendo a la tumba” (p. 1.091). Eichmann fue ahorcado en Israel en 1962. (Fuente: Wikimedia Commons.)

El gran valor de este trabajo reside en el hecho que Raul Hilberg (1926-2007), al publicar la primera edición de 1961, estaba siendo un pionero en es este campo pues, hasta entonces, no se había publicado algún estudio que estudiase de forma sistemática la política genocida antijudía del Tercer Reich. Y para ello tuvo que valerse, en un primer momento, de los abultados anexos documentales de las actas del Tribunal Internacional de Nuremberg de 1945-1946. Luego, pudo beneficiarse de las copias microfilmadas de los fondos documentales de archivo alemanes capturados por las tropas estadounidenses en 1945 y que no serían devueltos hasta finales de la década de 1960. La presente primera edición en castellano es la traducción de la tercera edición inglesa del año 2002 que incluye muchos materiales inéditos hallados en fondos documentales de la Europa Oriental que, hasta la década de 1990, habían resultado fuera del alcance de los investigadores occidentales bajo el patronazgo, sobretodo, de las organizaciones que han impulsado el israelí Yad Vashem o el U.S. Holocaust Memorial Museum.

La obra del profesor Raul Hilberg aún actualmente resulta una referencia obligada para cualquier obra seria sobre el Holocausto Judío, no sólo por su exhaustiva exposición si no también por su estructura interna de acuerdo a criterios temático y geográficos, facilitando en buena medida su uso como obra de consulta para el lector más o menos casual que no desee leerla en su totalidad. Obviamente, el paso del tiempo no es en balde y resulta de interés acompañarla siempre de monografías y síntesis más recientes que la complementan o enmiendan. En este último aspecto, su tesis sobre la respuesta pasiva de las víctimas judías ante el exterminio nazi peca de esencialismo injustificado al identificarlo en exclusiva como una actitud solamente judía; eso sí, debe diferenciarse el caso de Raul Hilberg del esencialismo infantil de autores como Daniel Goldhagen. Al fin y al cabo, para la inmensa mayoría de personas en sociedades modernas no resulta previsible que un ente hostil como los nazis se conjurase para su exterminio sistemático. Al fin y al cabo, resulta extremadamente difícil que grupos de cientos de miles de personas que no se encuentran articulados ni movilizados por una aspiración común puedan dar una respuesta colectiva, organizada y eficaz. Esto pudo comprobarse antes de la Segunda Guerra Mundial en el caso de los armenios en 1915, de los camboyanos víctimas de los jemeres rojos entre 1975 y 1979, los tutsis rwandeses en 1994 o, ya generalizando, en cualquier grupo humano que se vea víctima de la acción organizada por otro grupo menos numeroso pero sí con los recursos necesarios y que, sobretodo, controle el flujo de la información que reciban sus potenciales víctimas.

Finalmente, la obra del profesor Hilberg adolece de algún error que, en ocasiones, llama la atención aún sea casi anecdótico. Por ejemplo, el autor nos informa (en la n. 53, pp. 1.365-1.366, especialmente 1.366) que, según el estudio del general Grigoriy F. Krivosheev publicado en la década de 1990, sólo fueron 6000 los exprisioneros de guerra soviéticos judíos que retornanaron a la Unión Soviética en 1945. En cambio, al comprobar la edición inglesa de la obra de Krivosheev (Soviet Casualties and Combat Losses in the Twentieth Century, p. 237. Londres: Greenhill Books, 1997) observamos que recoge una cifra inferior de 4457 individuos. En cualquier caso sólo se trata de un error casi inevitable de la gigantesca envergadura y alcance que es La destrucción de los judíos europeos.

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