A history of warfare. Por Bernard Montgomery (Reseña)

– A history of warfare. Por Bernard Law Montgomery, Londres: Collins (1968). Bibliografía selecta. 584 pp.

Retornamos con lo que sería una curiosidad historiográfica: una Historia de la guerra por el vizconde de El Alamein, el mariscal Bernard Montgomery. Y lo llamamos curiosidad porque, además de su valor como obra de síntesis histórica de la guerra desde la Antigüedad hasta la Guerra Fría, también recoge algunas perlas dignas historiográficas de mención.

Ante todo debe señalarse que Montgomery, que al escribir este libro era ya casi octogenario, contó con un equipo de colaboradores o becarios que, obviamente, fueron quiénes debieron realizar todo el trabajo de documentación. En este sentido vale la pena señalar que la obra, si bien se resiente de una inevitable pero creciente obsolescencia. En todo caso sí debe señalarse que posiblemente fuese de los primeros, en contraste con Hans Delbrück y la historiografía decimonónica, en reconocer la importancia de los asedios en la guerra, desde el Imperio Asirio hasta la Edad Media para mencionar los dos casos que habitualmente se dejaron de lado. En contraste, son también numerosas las valoraciones hechas a la ligera y gazapos históricos que aparecen, desde el mapa de la p. 148, donde se sitúa Barcelona contigua a la desembocadura del Ebro y fuera de los dominios del Imperio carolingio en el siglo IX; hasta la descripción de España como “obscure and backward in the Middle Ages” (p. 211).

Pero a nivel historiográfico también vale la pena como Montgomery trató de darle un toque personal a la obra incluyendo referencias a su experiencia vital que, en ocasiones, reflejan más sus filias y ego que otra cosa. Por citar sólo dos ejemplos, el autor recoge el testimonio de la obra de Tito Livio de la supuesta conversación mantenida por Aníbal y Publio Cornelio Escipión pocas horas antes de la batalla de Zama (202 a.C.) comparándola con, en un caso hipotético, un encuentro que Rommel y él mismo podrían haber tenido en El Alamein en 1942 (p. 94). El otro ejemplo es su comparación entre la batalla de Mareth de marzo de 1943  la victoria de Eduardo III de Inglaterra en Crécy librada en 1346 (p.206) que, a decir verdad, no es oportuna desde el punto del análisis histórico pero, es de suponer, sí para cultivar el prestigio de Montgomery, quién nunca destacó precisamente por su modestia.

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