Alchemist of War: The Life of Basil Liddell Hart. Por Alex Danchev (Reseña)

Alchemist of War. The Life of Basil Liddell Hart. Por Alex Danchev, Londres: Weidenfeld & Nicolson (1998). Notas al final del libro. Bibliografía. Pp. xiv, 369.

Y aquí tenemos la tercera y, de momento, última reseña de la “Serie Liddell Hart”, en este caso dedicada a la biografía del pensador militar británico publicada por Alex Danchev. Si en la anterior reseña sobre el estudio biográfico de John J. Mearsheimer concluía que la integridad ética de Basil Liddell Hart quedaba en entredicho, la obra de Danchev la sitúa en su marco biográfico, profundizando más en los aspectos que supusieron la forja de la personalidad del pensador militar británico, siendo el mejor documentado el episodio dedicado a su experiencia en el campo de batalla del Somme en Julio de 1916, siendo éste uno de los hitos de su vida, ya que determinó en buena medida su devenir profesional al resultar su salud especialmente afectada, resultando en su baja forzosa del servicio activo en 1924; pero también por la traumática experiencia de sufrir en sus carnes los horrores de la guerra moderna, lo que marcaría también el desarrollo posterior de su pensamiento militar.

Por otra parte, el autor nos muestra detalles sobre su vida íntima que facilitan la comprensión de determinadas características de su personalidad y metodología. Más allá de detalles morbosos y/o anecdóticos, en los que el autor abunda demasiado en ocasiones, muestra claramente que durante la década de 1920 y 1930 Liddell Hart sufrió en sus carnes de lacras observables también en la profesión periodística en la actualidad, especialmente entre el escalón de los becarios y mileuristas: la enorme presión que suponía el ingente volumen de trabajo en los que fué corresponsal militar – primero en el Daily Telegraph y, más tarde, en The Times– que, aún siendo muy bien retribuido, apenas servía para sufragar su aristocrático y exigente estilo de vida. Ello alimentaba su necesidad de publicar periódicamente, en determinados periodos casi anualmente, libros sobre biografías dedicadas a jefes militares ilustres de la Historia – como Foch, Sherman, Escipión el Africano y Genghis Khan-, o colecciones de artículos y ensayos, siendo usualmente todos auténticos éxitos de ventas, como muestran sus múltiples reediciones durante la década de 1930. Pero esa misma premura en la publicación, unido a sus labores diarias, redundaba en una manifiesta ausencia de rigor que, yendo más allá de la sistemática ausencia de referencias bibliográficas en sus libros, suponía caer en numerosos errores por omisión fruto de hacer consultas apresuradas a determinadas obras, como fué en el caso de su biografía sobre el general J.T. Sherman y que el historiador estadounidense Albert Castel expuso hace ya algunos años (“Liddell Hart’s Sherman: Propaganda as History”, The Journal of Military History, vol. 67 nº 2, pp. 405-426. Lexington, Va: Society for Military History, 2003). Ello también se reflejaría en su recepción de la obra de Clausewitz que, según Danchev, sólo leería íntegramente muchos años después de publicar, durante la década de 1920, sus tesis críticas contra el pensador militar prusiano, siendo estas refutadas acertadamente durante estos últimos treinta años por, entre otros autores, Christopher Bassford.

Otra de las características relevantes que afloran de la biografía de Alex Danchev es el afán competitivo presente en la personalidad de Liddell Hart, lo que empujó años después de su muerte a reconocerse por numerosos de sus antiguos amigos y discípulos – como Brian Bond o Michael Howard- a que sus exposiciones tienen más de piezas propagandísticas antes que ser estudios históricos rigurosos. Ello también se reflejaría en una visión de las cosas bastante reduccionista y egocéntrica, como refleja el episodio, expuesto por su también discípulo y amigo Jay Luvaas (“Liddell Hart’s and the Mearsheimer Critique: A “Pûpil’s” Retrospective”, Parameters, vol. 20, pp. 9-19. Carlisle, Pa: US Army War College, 1990), de como Patton, durante una conversación que tuvo con Liddell Hart en 1944, le dijo que él había leído años atrás su biografía sobre Sherman. Un comentario tan banal supuso que Liddell Hart afirmase, años más tarde, que Patton había sido también uno de sis “discípulos”. Sin duda, este mismo carácter competitivo sería lo que le empujó a su afán revisionista para  reconstruir su reputación; como muestra, Danchev expone que al finalizar su contrato como corresponsal del Daily Mail en Febrero de 1945, Liddell Hart estuvo varios años tratando de recolocarse profesionalmente, ya fuese presentando su candidatura para la cátedra de Chichele Professor en Historia de la Guerra del All Soul College de Oxford en Abril de 1946, resultando en nada; o ya fuese al enfocar su interés como periodista especializado en la moda de alta costura. Al final, Liddell Hart optaría por aprovechar de su azarosa entrada en contacto con los generales de la Wehrmacht – como von Runstedt, Blumentritt, von Manstein, etcétera…- recluídos en el campo de prisioneros de Grizedale, siendo esta relación también muy provechosa en el afán de rehabilitación de esos mismos generales.

En cuanto a la evaluación global de esta obra, observo que Alex Danchev tiende a ofrecer una interpretación favorable sobre el personaje, como mostraría al rechazar algunas de las acusaciones más graves que expuso el profesor Mearsheimer en Liddell Hart and the Weight of History, especialmente en lo que se refiere a la desaparación de determinadas cartas sensibles de la correspondencia mantenida entre el pensador militar británico y Heinz Guderian durante 1952; el autor, en este punto, prefiere hacer un acto de fe en la integridad ética e intelectual de su personaje basándose en el carácter bondadoso del mismo hacia sus amigos prefiriendo, en cambio, obviar los elementos de alta competitividad presentes en su personalidad y que él mismo expone en su biografía sobre el personaje. Otro punto intrigante en este libro está en la omisión, en la práctica, de su posicionamiento respecto a la política de Appeasement practicado por el Gabinete británico presido por el primer ministro Neville Chamberlain. Y si bien se expone su estrecha relación con el Secretario de Guerra Hore-Belisha, esta no se acaba de relacionar adecuadamente con el marco general del policy-making de la política militar – y la grand strategy– británica durante la segunda mitad de la década de 1930.

En definitiva, resulta una obra especialmente recomendable para los lectores interesados en profundizar en la figura de Sir Basil Henry Liddell Hart, aunque teniendo presentes ciertas cautelas ante determinadas conclusiones del autor de esta biografía. Y, personalmente, mi evaluación del “Capitán Que Enseñó a Generales” sería que, si bien como su prestigio como pensador militar sería merecido, en cambio, como historiador estaría totalmente sobrevalorado.

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