Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto. Por Daniel J. Goldhagen (Reseña)

Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto. Por Daniel Jonah Goldhagen, Madrid: Taurus, Pensamiento (1998 2ª edición). Notas al final del libro. Pp. 752.

Publicado originalmente el año 1996, este libro de Daniel Goldhagen logró tener una elevada repercusión entre la opinión pública, especialmente en Estados Unidos y en Alemania. El autor presenta un modelo interpretativo del Holocausto Judío donde todo este fenómeno histórico sólo se explica correctamente en función del marco ideológico del odio antisemita eliminador que, según el autor, dominó e impregnó todo el comportamiento de la práctica totalidad de la sociedad alemana durante el Tercer Reich en toas sus relaciones con los judíos alemanes y de los territorios ocupados.

Sin lugar a dudas, la obra tiene virtudes como su estilo ágil y que logra cautivar al lector, resultado difícil de alcanzar si se tiene en en cuenta tanto la extensión del libro, con más quinientas páginas si se excluyen las notas al final del libro, como el hecho que este tipo de debates historiográficos no suele atraer al gran público general. También debe reconocerse que la obra denota un gran esfuerzo para justificar con su abundante aparato crítico el argumentario que expone el autor en sus ṕáginas. Sin lugar a dudas, su gran aportación historiográfica fue incidir en la importancia de las llamadas marchas de la muerte de 1945 en las que se forzó a miles de prisioneros judíos a marchar, sin apenas comida y expuestos a las más salvajes brutalidades por sus captores, hacia el oeste o cualquier otro lugar que representase alejarse de los ejércitos aliados que avanzaban desde el Este y el Oeste.

Pero ya parafraseando a Suetonio en su biografía de Calígula (XXII.1), hasta aquí hemos hablado de esos elementos de Los verdugos voluntarios de Hitler que lo cualifican como una obra a tener en cuenta, réstanos referirnos a él como la obra manipuladora que es. En primer lugar, padece de la torpe práctica de tomar selectivamente aquellos elementos que le convienen de la historiografía que cita, ya sean Ian Kershaw o Robert Gellately, quiénes acaban sosteniendo interpretaciones mucho más ricas y complejas que las que sostiene Goldhagen. Tesis que, por otra parte, son un excelente ejemplo de una explicación monocausal y reduccionista que desprecia cualquier otro modelo explicativo con argumentos banales o de poco calado. En este sentido, el autor demuestra una gran fijación contra el libro Aquellos hombres grises de Christopher Browning.

Por otra parte, como bien observó Norman Finkelstein años atrás (FINKELSTEIN, 1997: 40-41), esta tesis de los alemanes imbuidos de un patológico odio antijudío y exterminador no resulta nada novedosa y, en realidad, parte de su buena recepción entre el público general quizás responda al hecho que este es un tópico aceptado en la sabiduría convencional sobre el Holocausto Judío. Como ya observamos en la reseña que hicimos del libro de Christopher Browning antes mencionado, es habitual confundir los argumentos autojustificativos que alegaban una coacción casi letal que nunca llegó a materializarse en consecuencias graves en la realidad con otros factores como serían la presión de grupo y el afán oportunista de seguir medrando dentro del marco institucional nazi.

Fotografía de un soldado o policía alemán apuntando contra una mujer que sostienen a un niño. Interceptada por el resistente polaco Jerzy Tomaszewski en un envío postal realizado desde Rusia al Reich en 1942. En su reverso se leía: Ucrania 1942, Acciñon Judía, Ivangorod. Esta fotografía le sirve a D. Goldhagen (en p. 501) para justificar el consenso alemán alrededor del antisemitismo eliminador. (Fuente: U.S. Memorial Museum- Yad Vashem: 143DO5.)
Fotografía de un soldado o policía alemán apuntando contra una mujer que sostiene a un niño. Interceptada por el resistente polaco Jerzy Tomaszewski en un envío postal realizado desde Rusia al Reich en 1942. En su reverso se leía: Ucrania 1942, Acción Judía, Ivangorod. Esta fotografía le sirve a D. Goldhagen (en p. 501) para justificar el consenso alemán alrededor del antisemitismo eliminador al reflexionar que sólo ese marco puede explicar que un soldado mandase una foto semejante a un amigo o pariente en el Reich. (Fuente: U.S. Holocaust Memorial Museum- Yad Vashem, 143DO5.)
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Fotografía de Natalie Wickerson de Phoenix, Arizona junto a la calavera de un soldado japonés que le envió su prometido destinado en Nueva Guinea durante la Segunda Guerra Mundial. Publicada en LIFE el 22 de mayo de 1944. Obviamente, no sólo los alemanes enviaban recuerdos macabros a sus parientes y conocidos ni tampoco una revista de gran difusión como LIFE se abstuvo de publicarla. (Fuente: LIFE Magazine.)

Y si bien el estilo expositivo del autor resulta atractivo también resulta molesto caer en la cuenta como Daniel Goldhagen intenta manipular al lector a lo largo de las páginas de Los verdugos voluntarios de Hitler al recurrir constantemente a enunciados que sólo apelan a las emociones del lector. En todo momento el autor tratan de conducir al lector siempre a la creencia que todos esos horrores son algo intrínseco y único del antisemitismo eliminador alemán. Esta conclusión resulta, ante todo, inútil: si los crímenes del Tercer Reich contra los judíos son algo que no autoriza comparación alguna, entonces todos sus testimonios resultan inútiles para comprender otros ejemplos de genocidios o prácticas de exterminio como pueden ser el Holocausto Armenio de 1915 o el genocidio rwandés de 1994. Además de inútil, el modelo propuesto por Goldhagen también es falaz pues ignora casi deliberadamente como los regímenes fascistas de Rumanía y de los ustacha en Croacia persiguieron y exterminaron a los judíos de forma tan implacable como los mismos alemanes.

Finalmente, el modelo interpretativo de Daniel Goldhagen resulta también engañoso y conduce a valoraciones erróneas al considerar que sólo los crímenes de ese calibre pueden ser fruto de un marco ideológico determinado que se sostenga en el odio racial. Obviamente, esto conduce a la conclusión tan ilusoria como tranquilizadora al sostener que si este marco ideológico no vuelve a tener lugar tampoco sus horrorosos crímenes volverán a repetirse. Desgraciadamente, el mismo caso de la Segunda Guerra Mundial nos ofrece un ejemplo que contradice esta interpretación como es la guerra librada contra Japón entre 1941 y 1945, como bien argumentó en su momento John Dower. Son todos estos argumentos los que nos conducen a valorar esta obra como un ejemplo de mala investigación histórica.

Bibliografía referenciada:

FINKELSTEIN, 1997. Norman G. Finkelstein, “Daniel Goldhagen’s «Crazy» Thesis: A Critique of Hitler’s Willing Executioners“, New Left Review, serie I, vol. 224, pp. 39-87. Londres: New Left Review Ltd (1997). 49 pp.

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4 comentarios en “Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto. Por Daniel J. Goldhagen (Reseña)

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