Abilio Barbero y Marcelo Vigil. (Ensayo). Parte I: Esto es España

Una vez presentado el objeto de este ensayo, procederemos a exponer la carrera académica de Abilio Barbero y Marcelo Vigil. Empezando por este último, su cursus honorum académico-funcionarial fue de lo más plácido. Siendo discípulo de Antonio García y Bellido (1903-1972), eminente arqueólogo e historiador del arte y que fue también maestro de destacados historiadores españoles como José María Blázquez y Javier Arce, Marcelo Vigil cursó la carrera de Filología Clásica en la entonces conocida como Universidad Central – la actual Universidad Complutense- y se doctoró en 1960.

En cambio, la carrera de Abilio Barbero resultó más tortuosa. Leyó su tesis doctoral en 1968 pero sólo pudo acceder a una plaza de profesor adjunto en 1973 recurriendo por vía administrativa, tras ser excluido inicialmente y haber encadenado contratos, siempre pendiente del albur de las autoridades académicas durante los últimos años de la dictadura franquista. Esta situación devenía, según Javier Faci, por sus notorias simpatías izquierdistas (FACI, 2012: xi) y que compartía también con su amigo Marcelo Vigil. Quizás alguien pensará que esta es una afirmación carente de base pero, en este caso, debe tenerse en cuenta que fuera durante la década de 1970 cuando tuvo lugar un enorme crecimiento en el número de estudiantes universitarios, conduciendo a un aumento casi exponencial del número de plazas docentes y a que se contratase con toda facilidad a cualquier aspirante al margen de la calidad de sus méritos académicos (ver BARCELÓ, 2003: 15). Y que, en dichas circunstancias, a Abilio Barbero se le denegase inicialmente la plaza a la que aspiraba sólo puede suscitar las mayores sospechas. Finalmente, no sería hasta 1983 que obtendría su plaza de catedrático. Desgraciadamente, la carrera de ambos no se prolongaría a raíz de sus prematuras muertes por enfermedad: en el caso de A. Barbero esta acaeció en 1990 y la de M. Vigil en 1986.

A este respecto, resulta comprensible que ambos historiadores desarrollasen una percepción hipercrítica contra las instituciones académicas españolas. Véase, por ejemplo, su demoledora diatriba que volcaron en La formación del feudalismo en la Península Ibérica (ver BARBERO y VIGIL, 1979: 16-17) y que, años más tarde, el arqueólogo e historiador Miquel Barceló Perelló repetiría en la misma línea (ver BARCELÓ, 2003: 15-16). En 1978, la diatriba de Abilio Barbero y Marcelo Vigil finalizaba así:

El objetivo de esta acumulación inútil de materia impresa ha solido ser el de conseguir méritos para hacer una rápida carrera académica estimada habitualmente por una obra medida al peso, sin tener en cuenta su valor científico.

Posteriormente en la misma obra, los autores hacen otra ácida crítica contra la historiografía española dedicada al estudio de la documentación altomedieval, tachando sus resultados como meras transcripciones paleográficas más o menos afortunadas con repeticiones literales de lo que dicen los documentos (BARBERO y VIGIL, 1979: 349), denunciando  el escaso esfuerzo interpretativo observable en dichos trabajos (ver BARBERO y VIGIL, 1979: 348-349). En esta línea, Miquel Barceló señalaría, durante su discurso de apertura de un coloquio celebrado en Barcelona en febrero de 2002, al caso del medievalista Antonio Ubieto Arteta (1923-1990), a quién describió como uno de esos acadèmics tècnicament menys que mediocres i, en canvi, d’opulentes conviccions nacionalistes espanyoles (BARCELÓ, 2003: 14).

Pues, en definitiva, la gran aportación de los trabajos de A. Barbero y M. Vigil fue insertar el estudio del período altomedieval español – o Antigüedad Tardía, como otros historiadores prefieren- comprendido entre los siglos V y X d.C. fuera del estrecho marco historiográfico sobre el debate de los orígenes de la nación española, cuyo paradigma se halla en la célebre disputa entre Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984) y Américo Castro (1885-1972) donde el primero sostuvo, en concordancia con las tesis de Ramón Menéndez Pidal (1869-1968), que la identidad española ya existía en tiempos del regnum Gothorum de Toledo y que se labró durante los casi ocho siglos de Reconquista. Américo Castro, por su parte, identificaba la nación española con el catolicismo y que, por lo tanto, esta sólo existiría tras el fin de la Reconquista con la toma de Granada y la expulsión de los judíos en 1492.

Como bien observaron en su momento Abilio Barbero y Marcelo Vigil, ambas caracterizaciones sólo se corresponden a categorías político-ideológicas de naturaleza esencialista y ahistórica (BARBERO y VIGIL, 1979: 17-19), apelando al típico modelo de generación de una identidad propia a partir de la oposición al “Otro”, modelo teórico muy bien sintetizado años más tarde en el imprescindible Cultura e imperialismo de Edward Said. En este sentido, ambos historiadores se mostraban en su libro sensibles a las tesis al respecto de Jaume Vicens Vives (1910-1960), alejándose así del paradigma ideológico nacionalista que entonces teñía la Academia española y que, aún hoy, campa a sus anchas incluso en las instituciones académicas más inesperadas y haciendo sentir su impacto en la docencia de muchas universidades españolas. Pues, si bien en la rápida expansión de plazas docentes que tuvo lugar durante la década de 1970 que antes hacíamos referencia entraron buen número de personajes identificados generalmente con la izquierda, las autoridades herederas de la Dictadura se cuidaron en evitar la entrada en masa de candidatos que pudiesen, por una parte, amenazar el status quo y, por otra parte, pudiesen cuestionar en su esencia el discurso político-ideológico del nacionalismo español, tal y como hace algunos años denunció en público Miquel Barceló (BARCELÓ, 2003: 15-16).

Representación del último rey visogodo Rodrigo (o “Roderikos”), tercera figura por la izquierda. Pintura de los seis reyes, palacio emiral de Qusayr ‘Amra (Jordania), Reproducción de Alois Musil. Kusejr ‘Amra und Schlösser östlich von Moab. Vol. 2, pl. XXVI. Vienna (1907). (Fuente: The Metropolitan Museum)

Concretamente, la historiografía española tradicional sostenía este discurso a partir del testimonio de las llamas Crónicas Asturianas, conjunto de obras de finales del siglo IX d.C. que incluye la llamada Crónica Albeldense y las ediciones Rotense y Ovetense – o “de Sebastián”- de la Crónica de Alfonso III (discusiones sobre su composición y tradiciones manuscritas en BARBERO y VIGIL, 1979: 233 y 249-258; GIL, 1985; y COLLINS, 1986: 282), monarca del reino astur entre los años 866 y 910. Dichas crónicas, con mayor o menor intensidad, se insertan dentro de la tradición del denominado neogoticismo donde los reyes se proclamaban continuadores de la monarquía visigoda, pues reclamaban que su legitimidad dinástica se origionaba en su casi mítico ascendente Pelayo, quién formaría parte del linaje real visigodo, ya fuese directamente con Rodrigo (710-711) o con su antecesor Witiza (698-710) (ver BARBERO y VIGIL, 1979: 296-298; y GIL, 1985: 65-66). Pero A. Barbero y M. Vigil apreciaron que la famosa interpolación en la Crónica Albeldense del fragmento del Ordo gentis gotorum (Chr. Alb., XIV), donde se enumera a los sucesivos reyes visigodos en Hispania y que le sucede el Ordo Gotorum Obetensium regnum (Chr. Alb., XV) donde se detalla la lista de los reyes astures hasta Alfonso III, habría sido manipulado por la mano del compilador, pues al compararse su testimonio con otra edición del mismo texto del Ordo gentis gotorum copiado en el sur del reino franco durante el reinado de Carlomagno (766-814), se aprecia que en la edición asturiana se eliminó un significativo fragmento que seguía tras narrar el reinado de Rodrigo y que detallamos a continuación (citado en BARBERO y VIGIL, 1979: 241): Reges Gothorum defecerunt. Sunt sub uno anni CCCXIV, traduciéndose así: Terminaron los reyes godos. En total sus años son 314.

Ni que decir que semejante evidencia sitúa todo el discurso neogoticista y de la continuidad del regnum Gothorum como una mera categoría ahistórica y propagandística. Por otra parte, resulta del todo inverosímil que Asturias, concepto geográfico que en el siglo VIII d.C. incluía partes de las actuales comunidades autónomas de Asturias y Cantabria (ver BARBERO y VIGIL, 1971 [2012]: 97-99; y  IBÍD., 1979: 279-285), fuese tierra de acogida de la aristocracia visigoda que huía de los conquistadores árabes y berberes pues, como Roger Collins ha destacado, dicha región había sido tradicionalmente hostil y fuentes de periódica conflictividad contra los gobernantes del regnum Gothorum en Toledo (COLLINS, 1986: 282-283); por otra parte, está ampliamente documentado que las élites toledanas se establecieron en lugares bien diversos del Occidente medieval europeo (GIL, 1985: 67-68) o permanecieron bajo dominio omeya, tal y como el muy posterior episodio de los “mártires de Córdoba” evidenció (ver GIL, 1985: 68-70; y COLLINS, 1986: 266-272 y 274-275). Estas son, sin duda, de las mayores de las aportaciones de los autores de La formación del feudalismo en la Península Ibérica, pues representaba insertar el debate académico dentro de un marco científico y no meramente ideológicio. Desgraciadamente, en España éste ha dado raíces con una distribución geográfica desigual. Si bien los estudios localizados en el área de la cornisa cantábrica han representado, especialmente gracias a la arqueología, la aportación de evidencia novedosa y que ampliaremos en el siguiente capítulo que publicaremos de este ensayo, en otras áreas como en Cataluña el estudio al período histórico en cuestión – s. V-X d.C- el debate historiográfico se ha circunscrito al estudio de la evidencia escrita, relegándose a la arqueología a la irrelevancia en lo que a aportación de nueva evidencia histórica se refiere (véase la denuncia al respecto en BARCELÓ, 2003: 14; ver también RIU-BARRERA, 2003: 127-131). Este fenómeno, en parte también fruto de las circunstancias sociopolíticas en la Universidad española durante la década de 1970, deviene de la ausencia en la práctica de un debate historiográfico serio dentro del medievalismo español, primándose, por encima de la adquisición y el progreso del conocimiento científico, el miedo a que toda crítica pueda encender una conflictividad que cuestione la estabilidad y continuidad de la institución académico-funcionarial, actualmente compartimentada en grupos de investigación que, a veces, no se sabe muy bien a qué dedican su tiempo y recursos.

Un caso concreto lo encontramos, precisamente, en la denuncia que recogíamos al reseñar Esperando a los árabes de Javier Arce, quién cuestiona que en España la historiografía apenas ha prestado atención al estudio de la alimentación durante este período y, cuando se ha hecho, apenas se ha hecho una lectura más o menos afortunada de testimonios literarios en vez de proceder a hacer estudios carpológicos y zooarqueológicos sistemáticos (ARCE, 2011: 173). O, en el caso catalán, apenas se ha publicado algún trabajo dedicado a estudios del paisaje arqueológico (como BOLÒS, 2003), muy fecundos en otros países europeos como Francia, Gran Bretaña y Alemania a partir del análisis del polen depositado, cuya datación e identificación de las especies permite rastrear la transformación del paisaje en un área determinado, por ejemplo pudiendo identificar si esta era cultivada o no o qué tipos de cultivos se realizaban. Posibilidades todas estas que, a la luz de las políticas vigentes en la investigación universitaria tanto a lo que a financiación como en promoción de carreras investigadoras se refiere, no parece que vayan a fructificar en un futuro próximo a pesar de que el objeto de todas estas nuevas metodologías estudio sea, precisamente, aquellos quiénes muy raramente aparecen en las crónicas: los creadores de la riqueza, es decir, los campesinos (ver BARCELÓ, 1997: 7 y 13-14).

Enlace a la Introducción del presente ensayo.

Fuentes:

- Crónica Albeldense (Chr. Alb.) en su edición por Juan Gil Fernández y José Luis Moralejo Álvarez (eds.). Crónicas Asturianas, pp. 43-105. Oviedo: Universidad de Oviedo (1985). Pp.330.

Bibliografía:

- ARCE, 2011. Javier Arce Martínez, Esperando a los árabes. Los visigodos en Hispania, Madrid: Marcial Pons, Historia (2011).

- BARBERO y VIGIL, 1971 [2012]. Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil, “La organización social de los cántabros y sus transformaciones en relación con los orígenes de la Reconquista”, Hispania Antiqua, vol. 1, pp. 197-232. (1971). [Reproducido en Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual. Visigodos, cántabros y vascones en los orígenes sociales de la Reconquista, pp. 97-136. Pamplona: Urgoiti Editores, Historiadores 16 (2012).]

BARBERO y VIGIL, 1979. Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual. La formación del feudalismo en la Península Ibérica, Barcelona: Crítica, Historia 4 (1979, 2ª edición). Pp. 437.

- BARCELÓ, 1997. Miquel Barceló Perelló. “Introducción” en El sol que salió por Occidente. Estudios sobre el estado Omeya en al-Andalus, pp. 7-22. Jaén: Universidad de Jaén (1997).

BARCELÓ, 2003. Miquel Barceló Perelló. “L’endemà de mil i una nits” en Miquel Barceló Perelló, Gaspar Feliu i Monfort, Antoni Furió, M. Miquel y Jaume Sobrequés (eds.). El feudalisme comptat i debatut. Formació i expansió del feudalisme català, pp. 11-17. Valencia: Publicacions de la Universitat de València (2003).

- BOLÒS, 2003. Jordi Bolòs, “El naixement d’un nou paisatge: Catalunya al segles IX-XII” en Miquel Barceló Perelló, Gaspar Feliu i Monfort, Antoni Furió, M. Miquel y Jaume Sobrequés (eds.). El feudalisme comptat i debatut. Formació i expansió del feudalisme català, pp. 133-152. Valencia: Publicacions de la Universitat de València (2003).

- COLLINS, 1986. Roger Collins, trad. Juan Faci, España en la Alta Edad Media 400-1000, Barcelona: Crítica, Serie Temas Hispánicos 154 (1986). Pp. 387.

- FACI, 2012. Javier Faci. “Abilio Barbero y Marcelo Vigil. La otra «Reconquista»” en Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual. Visigodos, cántabros y vascones en los orígenes sociales de la Reconquista, pp. vii-lxiii. Pamplona: Urgoiti Editores, Historiadores 16 (2012).

- GIL, 1985. Juan Gil Fernández, “Introducción” en Juan Gil Fernández y José Luis Moralejo Álvarez (eds.). Crónicas Asturianas, pp. 43-105. Oviedo: Universidad de Oviedo (1985).

- RIU-BARRERA, 2003. Eduard Riu-Barrera, “De la fi de l’Imperi al Feudalisme. Problemes d’Arqueologia i Història” en Miquel Barceló Perelló, Gaspar Feliu i Monfort, Antoni Furió, M. Miquel y Jaume Sobrequés (eds.). El feudalisme comptat i debatut. Formació i expansió del feudalisme català, pp. 119-132. Valencia: Publicacions de la Universitat de València (2003).

Abilio Barbero y Marcelo Vigil (Ensayo). Introducción

Portada de Visigodos, cántabros y vascones en los orígenes sociales de la Reconquista (Pamplona: Urgoiti Editores, 2012).

Desde que terminé la carrera de Historia en la Universitat de Barcelona, uno de los campos donde   tenía interés en profundizar era precisamente el periodo a caballo entre la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media y que, en Europa Occidental, está tradicionalmente vinculado con los orígenes del feudalismo y de la civilización medieval. Como puede constatarse al leer las reseñas que he ido publicando durante estos últimos meses en el blog, se aprecia que he querido formarme un criterio bien fundamentado, ya con obras de interés como los libros de La revolución del año mil de Guy Bois y Esperando a los árabes de Javier Arce o bien realizando lecturas críticas, siendo éste el caso de la obra de Lynn White, Jr., además de irme familiarizando con los entresijos historiográficos que han envuelto este debate con otros textos paralelos. El objetivo final de este ejercicio era analizar el libro más importante y publicado por primera vez en 1978 de los historiadores que encabezan el título de este ensayo y cuyo título fue La formación del feudalismo en la Península Ibérica.

Casualmente, observé en la biblioteca de la universidad que habían adquirido una colección de ensayos, cuya portada puede verse a nuestra izquierda, de los profesores Abilio Barbero de Aguilera (1931-1990) y Marcelo Vigil Pascual (1930-1986) recientemente reeditada por Urgoiti Editores y que previamente había sido publicado ya por Ariel en 1974 con el título Sobre los orígenes sociales de la Reconquista. Este volumen, además de su colección de artículos publicados de forma conjunta, también incluye un extenso estudio crítico preliminar del profesor de la Universitat Rovira i Virgili Javier Faci sobre la vida y obra de ambos historiadores; su elección como prologuista deviene, en gran medida, de haber sido en su momento discípulo y amigo del propio Abilio Barbero, lo que otorga a su estudio un conocimiento de primera mano que no impide tampoco que critique honestamente las tesis de ambos historiadores.

Claudio Sánchez Albornoz (Fuente: Fundación Claudio Sánchez Albornoz)

Hoy me limitaré a delimitar el plan de este ensayo que aparecerá publicado en dos partes. La primera estará dedicada a analizar el impacto de sus tesis en los debates entonces vigentes sobre el llamado “neogoticismo” y otras tesis, de naturaleza esencialista, que conformaban entonces el corpus historiográfico de quién hasta entonces ostentaba un papel hegemónico en el medievalismo hispano: Claudio Sánchez Albornoz (1893-1984), conocido entonces y ahora entre la comunidad de medievalistas españoles como “don Claudio”, apelativo no siempre pronunciado de forma  precisamente cariñosa. En la segunda parte, en cambio, pasaremos a repasar y analizar las tesis de Abilio Barbero y Marcelo Vigil sobre el proceso de formación del feudalismo en las sociedades de la Península Ibérica y, ciñéndonos al marco cronológico que ambos autores estudiaron, entre los siglos IV y X d.C., además de recoger y estudiar las críticas, a la luz de las publicaciones y nuevas aportaciones de evidencia que han tenido lugar desde 1978.

Por último, una observación sobre la bibliografía. Cada entrada tendrá su propio apartado donde se ofrecerá la referencia completa de toda la bibliografía que aparezca citada o referenciada en dicha entrada. Estimo que, de este modo, se evitará la incomodidad de forzar al lector ocasional e interesado en profundizar el tener que saltar de una entrada a otra para buscar la referencia bibliográfica requerida. Sólo me queda compartir mi esperanza que resulte de interés lo que tenga que decir al respecto e invitar, una vez más, a todos los lectores que participen como deseen para debatir sobre las cuestiones que aparezcan.

Enlace a la “Parte I: Esto es España” del presente ensayo.

 

Bibliografía:

- BARBERO y VIGIL, 1974. Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual. Sobre los orígenes sociales de la Reconquista, Barcelona: Ariel, Ariel quincenal 91, (1974, 1ª edición). Pp. 197.

- BARBERO y VIGIL, 1979. Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual. La formación del feudalismo en la Península Ibérica, Barcelona: Crítica, Historia 4 (1979, 2ª edición). Pp. 437.

- BARBERO y VIGIL, 2012.  Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual. Visigodos, cántabros y vascones en los orígenes sociales de la Reconquista, Pamplona: Urgoiti Editores, Historiadores 16 (2012). Pp. lxiv, 166.

- FACI, 2012. Javier Faci. “Abilio Barbero y Marcelo Vigil. La otra «Reconquista»” en Abilio Barbero de Aguilera y Marcelo Vigil Pascual. Visigodos, cántabros y vascones en los orígenes sociales de la Reconquista, pp. vii-lxiii. Pamplona: Urgoiti Editores, Historiadores 16 (2012).

Frankenstein. Por Mary Shelley (Reseña)

- Frankenstein, or Modern Prometheus. Por Mary Wollstonecraft Shelley, edición Penguin Popular Classics, Londres: Penguin Books (1994). Pp. 215.

Esta popular novela de Mary Shelley era, desde hacía años, una de las lecturas que tenía pendientes pero que, por aquel u otro motivo siempre acabé relegando. Y hoy, tras leerla ya a las puertas de la treintena, me doy cuenta que seguramente he llegado tarde para poder disfrutarla.

La autora fue hija de Mary Wollstonecraft, conocida escritora y filósofa cuyo pensamiento, forjado en parte al calor de la Revolución Francesa que ella presenció en su fase más radical tras la ejecución de Luis XIV, ha sido uno de los principales antecedentes teóricos del pensamiento feminista actual. Este aspecto se hizo sentir en esta obra, pues la misma denota la vasta educación que la autora recibió de sus muy notables progenitores – su padre, William Godwin, fue por su parte uno de los precursores del pensamiento anarquista contemporáneo.

Los personajes son, por norma general y de acuerdo a los cánones literarios de la época, totalmente arquetípicos. Sólo la figura de la criatura creada por Victor Frankenstein presenta matices de interés, resultando especialmente llamativo el ejercicio de la autora para concebir, de forma coherente, como podría tener lugar el proceso de formación de la personalidad del monstruoso ser.

Desgraciadamente, al ser una novela tan popular ha sido objeto de todo tipo de adaptaciones al cine o bien su argumento ha sido tomado como préstamo por autores posteriores. Esta circunstancia ha supuesto que un servidor no pudiese acabar de engancharse a la novela. Reflexionando al respecto, supongo que mi problema reside en que, como ya he apuntado al inicio de la reseña, he llegado tarde para poder apreciarla en su justa medida.

Simulating War. Por Philip Sabin (Reseña)

- Simulating War: Studying Conflict through Simulation Games. Por Philip A.G. Sabin, Londres- NuevaYork: Continuum (2012). Notas al final del libro. Bibliografía. Pp. xxiv, 363.

Hoy retornamos con una nueva reseña, en esta ocasión dedicada a una obra un tanto especial de la mano de Philip Sabin, profesor del King’s College de Londres y de quién ya reseñamos su anterior libro, Lost Battles, siendo la presente obra si no su continuación natural para abarcar también el periodo contemporáneo.

Pero la obra no es sólo la exposición de la propuesta metodológica expuesta en su libro anterior, donde proponía un modelo de simulación de las batallas campales de la Antigüedad, si no de la exposición de los contenidos y objetivos del máster que lleva impartiendo en el KCL desde el 2003, siendo este un proyecto que llevaba incubando desde que se inició en el hobby hace treinta años, como pone de relieve su ponencia “Playing at War: The Modern Hobby of Wargaming”, incluído en el seminario War and Games. En este máster, los estudiantes tienen la oportunidad de estudiar las dinámicas de las campañas militares libradas en diversos periodos históricos, desde batallas y guerras de la Antigüedad hasta conflictos actuales como Afganistán o Irak. El objetivo final de este máster es que el estudiante sea capaz de crear un wargame histórico sobre una guerra, campaña o batalla concretas, realizando para ello la pertinente investigación histórica que documenten el hecho que se quiere simular sobre un juego de tablero.

Como el proyecto de evaluación del máster no es la creación de un juego de naturaleza comercial si no con un enfoque netamente pedagógico, pues debe poderse jugar la partida durante el transcurso de una sola clase de dos horas y alejándose así de los extensos y frecuentemente complejos reglamentos de juegos como los incluídos en las Operational Combat Series, diseñados por D. Essig. Por citar un ejemplo concreto, el reglamento básico de su versión 4.0 tiene 48 páginas mientras que el reglamento del juego Baltic Gap, Summer 1944 (2009) es de otras 48 páginas de extensión, incluyendo además dos mapas de gran tamaño y cientos de fichas de unidades y contadores diversos. Semejante juego, como bien argumenta el profesor Sabin, resulta impracticable como herramienta pedagógica pues su preparación y el correcto aprendizaje de las reglas ya requeriría un desproporcionado número de horas de clase.

En su lugar, el autor propone un modelo de wargame que, por una parte, represente el evento en cuestión a una escala que sólo requiera menos de medio centenar de fichas y, por otra, un reglamento que no exceda la media docena de páginas de extensión. Para ello, el autor propone toda una serie consejos y métodos de trabajo que permitan plasmar, con suficiente fidelidad a la siempre compleja realidad histórica, las opciones que podría plantearse un comandante en campaña. Este objetivo, ciertamente y como reconoce el mismo autor, resulta un tanto ilusorio pues un hipotético jugador difícilmente estará sometido a las tensiones de un jefe de batallón bajo fuego enemigo ni padecerá las incertidumbres ni de las dificultades en el mando y control de las tropas de un comandante en su cuartel general.

Es precisamente el problema de la ausencia de la incertidumbre el que motiva que numerosos wargames de tablero comerciales resulten un engorro en lo que a jugabilidad se refiere, pues se deben recurrir a expedientes de los más peregrinos para intentar simular al máximo lo que normalmente se denomina como niebla de guerra – fog of war. Este problema sólo se da, eso sí, entre los juegos de tablero pues en su contraparte como juego de ordenador la niebla de guerra puede simularse con gran facilidad. En cambio, desde el punto de vista pedagógico, que es el que concierne al profesor Sabin, plantea el problema que la inmensa mayoría de estudiantes de su máster carecen de los más básicos conocimientos de programación, privando así al máster que dirige de toda utilidad académica. De ahí que opte por conformarse en que los wargames producidos por sus estudiantes se parezcan más a un libro de historia de carácter interactivo. Este enfoque también tiene la ventaja de generar un feedback más dinámico entre el autor de juego y sus jugadores-lectores, pues el segundo puede tener la oportunidad de testear por sus propios medios la historiocidad de las tesis que expone el autor y detectar así los posibles errores existentes. En contraste, en el modelo académico al uso, el lector deberá recurrir a contrastar el libro con otros trabajos publicados, no siempre asequibles o accesibles, o incluso documentos no publicados para detectar esos mismos errores cometidos por el autor.

El libro también incluye las reglas de siete juegos de tablero diseñados por él y, en el caso de Roma Invicta?, de uno de sus estudiantes. Todos actúan de acuerdo al modelo que prima la simplicidad: los mapas de juegos de carácter estratégico y operacional son relativamente reducidos en tamaño, representando una escala frecuentemente elevada; sólo se incluyen unas pocas docenas de fichas, impresas en las láminas intermedias y listas para fotocopiar o recortar o descargables en el site del libro; y reglamentos relativamente breves y con pocas o ninguna tabla de resultados de las tiradas. En definitiva, resultan un medio ideal que aúne tres factores esenciales: realidad histórica, habilidad del jugador y la aleatoriedad, conformándose así un modelo explicativo sobre la guerra de carácter dialéctico, más cercano a la propuesta de Beaufre antes que al modelo mecanicista de Liddell-Hart.

Por último, debe subrayarse el extenso apéndice bibliográfico que incluye el libro, reflejando así el ingente trabajo de documentación que el profesor exige a los alumnos de su máster para que, de este modo, los juegos que diseñen no carezcan de rigor histórico. No por ello, el autor no deja de incurrir en algún error: por ejemplo, el autor repite (en n. 35, p. 54 [295]) el consabido mito que fue Hitler quién ordenó la detención del avance alemán contra Dunkerque, permitiendo así la evacuación del Cuerpo Expedicionario Británico a finales de mayo de 1940; en realidad, la iniciativa partió de von Runstedt, jefe del Grupo de Ejércitos B en Francia, siendo éste quién convenció a Hitler de su idoniedad (v. Earl F. Ziemke, “Runstedt” en Correlli Barnett (ed.). Hitler’s Generals, pp. 175-207: 190. Londres: Weidenfeld & Nicolson, 1989). Aún así, el resultado resulta más que satisfactorio y sugerente pues, como el autor describe (p. 125), la elaboración del reglamento de un wargame es a cross between producing an academic analysis, drawing up a legal contract, and writing a computer program.

War and Games. Editado por Timothy J. Cornell y Thomas B. Allen (Reseña)

War and Games. Editado por Timothy J. Cornell y Thomas B. Allen, San Marino- Woodbridge- Rochester, NY: Center for Interdisciplinary Research on Social Stress- The Boydell Press, Studies of the Nature of War 3 (2002). Referencias. Bibliografía separada de cada ensayo. Pp. ix, 332.

De vez en cuando, un servidor debe leer obras que en gran medida ya le provocan rechazo, pues un somero repaso del índice ya indica que los contenidos del libro o, al menos una parte del mismo, serán flojos. Desgraciadamente, este es uno de estos casos.

La presente obra recoge las actas del seminario War and Games celebrado, entre el 12 y el 16 de septiembre de 1997, en el CIRoSS (San Marino, República de San Marino), donde participaron investigadores de diversas disciplinas, mayoritariamente historiadores pero también con un cierto número de antropólogos y consultores militares. Desde el punto de vista formal, las actas son impecables: toda conferencia viene acompañada de su posterior turno de preguntas y debate, siendo éste en ocasiones de sumo interés; también se detalla la bibliografía citada en cada ensayo e incluso en el debate, además de las transparencias originales empleadas por cada autor para ilustrar su exposición; por último, también se incluyen unas conclusiones. Todo estos elementos denotan un buen trabajo de edición que, en demasiadas ocasiones, brilla por su ausencia en otras obras de estas características.

El objeto de este seminario de carácter declaradamente interdisciplinario era intentar reunir diversas perspectivas sobre la relación de la guerra con el juego, concepto que aparentemente incluía sólo las actividades deportivo-lúdicas aunque, sorprendentemente, al final también se incluyen tres ensayos relacionados, de un modo u otro, con el mundo de los juegos de guerra de tablero o wargames. En este sentido, resulta llamativa la ausencia en el resto de ensayos  de alguna referencia a los juegos de azar y ocio ajenos a la actividad deportiva. Todo esto denotaría, ya de por sí, un pobre trabajo de coordinación por parte de los organizadores del seminario, conclusión que viene reforzada al constatarse como los ensayos de Dario del Corno, Timothy Cornell y Carlo Mazzuchi se observan redundancias al exponer, especialmente en sus respectivos apartados introductorios, cuestiones ya tratadas por el conferenciante que le había precedido.

Por otra parte, en los ensayos dedicados a la Antigüedad y Bizancio y del antropólogo Bruce Knauft se observa una adhesión total a las tesis culturalistas, donde se prima una interpretación de los usos y rasgos culturales como justificación de la estructura existente en una sociedad determinada y en oposición al funcionalismo, donde se entiende que estos elementos están determinados, especialmente, por el medio ecológico. En este sentido, Bruce Knauft hace una exposición muy crítica contra el funcionalismo pero sin matizar tampoco cuáles son los límites del llamado giro cultural, especialmente cuando se estudia el caso concreto de entornos socioculturales intensamente reglamentados como son las instituciones militares. Su ensayo, junto al de T. Cornell i C. Mazzucchi, son de los mejor documentados de todo el seminario, ofreciendo además el primero un interesante marco comparativo entre el modo de guerrear de las tribus de los altiplanos de Papua Nueva Guinea con algunos de las modelos propuestos y desarrollados durante esta última década por Alexander Zhmodikov (2000), Fernando Quesada (2003) y Philip Sabin (2008) sobre como se libraban las batallas campales en la Antigüedad.

En contraste, los ensayos de Dario del Corno y Thomas Zotz que resultan argumentativamente débiles. Los ensayos de David Turton y Anthony Shelton, aunque interesantes, no aparecen bien integrados con la cuestión objeto de debate en el seminario. Respecto al ensayo de Philip Sabin, resulta de interés a título historiográfico, pues ofrece una buena síntesis del desarrollo del wargame como hobby, siendo este trabajo pionero en su línea de trabajo en el King’s College de Londres de emplear precisamente los wargames como vehículo de enseñanza en el campo de la Historia Militar. En esta línea, se observa un trabajo previo de coordinación de su conferencia con las del periodista Thomas Allen y Mark Herman, consultor militar y conocido diseñador de wargames comerciales cuyo Gulf War, publicado en 1983, fue utilizado, años más tarde, por algunas instituciones militares estadounidenses para someter a prueba su planificación operacional previa a la ejecución de la fase terrestre del famoso plan “Tormenta del Desierto” durante la Guerra del Golfo de 1990-1991.

En conclusión, las actas del seminario War and Games suscitan un interés substancial sólo por los ensayos de algunos de los participantes pero, desgraciadamente, no por el resultado global del conjunto de participantes.

Archaeology: A Very Short Introduction. Por Paul Bahn (Reseña)

- Archaeology: A Very Short Introduction. Por Paul Bahn, Oxford: Oxford University Press, Very Short Introductions 10 (2012, 2ª edición). Bibliografía comentada. Pp. xviii, 118.

Esta no es la primera vez que se publica aquí una reseña de uno de los volúmenes de la colección Very Short Introductions, publicada por Oxford University Press y que un servidor no puede dejar de recomendar para cualquiera interesado en cualquiera de las múltiples temáticas que tratan. En esta ocasión, el presente volumen de Paul Bahn, reeditado el año pasado, versa sobre la disciplina de la Arqueología.

No hay duda de que, en su momento, fue una elección de lo más afortunada al ser coautor, junto a Colin Renfrew, de uno de las obras de divulgación más difundidas sobre esta cuestión, traducida al castellano y reeditada en múltiples ocasiones por Akal. Obra que, por cierto, ha aparecido en numerosos programas de estudios universitarios españoles como manual de referencia en la materia, decisión formalmente un tanto cuestionable. Para ello, el autor desarrolla su exposición en un registro informal, acompañado de viñetas que satirizan determinadas cuestiones, desde el coleccionismo de antigüedades hasta cómo tienen lugar los debates historiográficos en la disciplina, usando en este caso unas evocadoras viñetas de Simon James tituladas como “The Reality Gap”. También es constatable que el campo de interés del autor ha sido la Prehistoria, pues la práctica totalidad de ejemplos de caso que aparecen referenciados a lo largo del libro son de este período.

En el presente volumen, Bahn ilustra cuáles han sido, especialmente a lo largo de estos últimos 150 años, los métodos de trabajo de los arqueólogos para sacar a la luz e interpretar el testimonio histórico que ofrece el registro material, observando que, más allá de los tópicos aventureros de Hollywood, durante estos últimos años está teniendo lugar una transformación fundamental de la disciplina, que ha pasado de la excavación y la prospección del yacimiento a hacer mayor hincapié en el trabajo realizado en el laboratorio de los materiales documentados mientras que, a la vez, el trabajo de campo cada vez se hace relativamente más raro, en buena medida porque cada día los recursos financieros para costearlos son menos generosos.

Por otra parte, el autor dedica gran atención al problema de la preservación del patrimonio histórico-artístico, cuestión preocupante que progresivamente va abriéndose paso dentro del mundo académico aunque, en el caso concreto español, padecemos de las inercias institucionales que tanto lastran otros muchos aspectos de la vida social y económica del país. En el caso de los yacimientos arqueológicos, aparte del daño social que representa el expolio en sí, el autor ilustra que una pieza recuperada sin ser documentado su contexto tiene el mismo valor que una fotografía sin pie de foto y de la que se desconoce ni cuándo ni en qué circunstancias se realizó; podrá ser una vista muy bella pero el espectador no dispondrá de nada más.

Otra cuestión a la que el autor dedica una apreciable atención es a la problemática ético-jurídica que, ocasionalmente, surge a la hora de realizar un estudio arqueológico de determinados restos materiales en un contexto sociopolítico dominado por la corrección política, donde el peso político de determinados grupos de presión, usualmente de inspiración religiosa, impiden el desarrollo normal del trabajo de los investigadores. De este modo, en países como los Estados Unidos han surgido críticas contra el estudio de restos humanos hallados en reservas indias, apelando a tradiciones ancestrales, cuestión que en aquel país ha tenido un largo periplo judicial que, finalmente, siempre ha dado prioridad a la adquisición del conocimiento científico antes que a los prejuicios culturales. Paralelamente, en Cataluña hace unos años tuvo lugar una disputa similar respecto a una necrópolis medieval hallada en las cercanías de Tàrrega donde se hallaron los restos humanos de individuos que, posiblemente, eran de religión judía. Desgraciadamente, el mal hacer de las instituciones resultó en aceptar las tesis de la comunidad judía local, cerrándose la posibilidad de todo análisis al entregarse dichos restos para ser enterrados, de acuerdo al ritual judío, en el cementerio judío de Collserola. Esta decisión, según puede apreciarse, fue totalmente contraria a lo que el sentido común y la práctica habitual en Occidente dictaría.

Finalmente, el autor dedica una atención sustancial a algunos de los debates historiográficos que han tenido lugar en el marco de la Arqueología durante estos últimos cincuenta años, desde la introducción de la perspectiva de género hasta el postestructuralismo, además de reflexionar sobre como históricamente las querellas historiográficas moldearon la percepción que el público general tenía sobre el pasado, siendo especialmente notable el caso que narra (en pp. 94-96) de como los prejuicios y las querellas académicas de Gabriel de Martillet y Marcelin Boulle lograron ocultar, al menos hasta mediados del siglo XX, la trascendencia de los primeros hallazgos de restos de neandertales.

En definitiva, como ya inicié esta reseña, no puedo si no volver a recomendar encarecidamente este volumen de la colección Very Short Introductions.

Año Dos

Hoy hace dos años de la creación de este blog. Como ya dije hace un año, no puedo quejarme del resultado pues las reseñas van apareciendo con fluidez y me resulta un ejercicio de lo más satisfactorio. Por otra parte, es apreciable el progresivo aumento de visitas a los diversos posts del blog; hace pocas semanas pude celebrar la visita número 10.000.

Durante este próximo año espero poder iniciar algún proyecto relacionado con el blog pero, al estar aún éste totalmente en pañales, será lo más prudente no decir nada más de momento.

Por lo demás, sólo me queda agradecer a todos los lectores fieles, que ya son un puñado, por su paciencia y su interés. Y, por supuesto, espero poder corresponder vuestro interés con más contenidos de interés.

Saludos,